Saturday, January 26, 2013

Lola Larrosa: El lujo. Colección las Antiguas. Editorial Buena Vista. Prólogo: Guerra Vanesa

El lujo de Lola Larrosa - a libros quemados, mujeres que escriben. 





I

Rosalía no está en su sitio, ha palpitado (intuye-sospecha) otra realidad, esto es: otro sitio que la mueve íntima y no tan secreta a gestos y ensueños que la enardecen hasta el desfasaje y desencuentro de los planos que habita.

Cómo salir de ese sitio no suyo, si aún siquiera sabe cómo es que está ahí; cómo salir con la fuerza presentida y presumida de sus gustos propios (e impropios) hacia lo intuido y destellado; cómo, porque el deseo primero se intuye, destella alguna cifra extravagante y después, o mientras tanto, duele, duele en su espera, en el tiempo que transcurre hasta descubrir la cifra de ese destino, duele en aquello que preludia la acción que habilitará un pasaje y nos exiliará de donde no se es y a fuerza creímos haber sido.

En los interiores abiertos que nos habitan, es de un exilio del que se nos habla:

Partir de sí y llegar a sí, como si se fuera otro.



II

¡Tengo un mundo dentro de mi cabeza! ¿Cómo ir?

Rosalía es nombre que anida a Larrosa, y en una sonoridad lúdica, si pierde una i y pierde una r, resta ir: ir es nido verbal que aloja un saber certero sobre cuánto puede un libro abrir- zanjar caminos en la vida. Escribir, bien lo saben estas mujeres (la escrita y la que escribe) muta vidas, planos, subjetividades, reinventa, funda. El lujo es andar con la pluma cuando asume el poder de la navaja. Y esta Rosalía-Larrosa, amable lectora, ha gestado -pues ha sido preñada y premiada por otras letras- un mundo nuevo que le arde en la cabeza. Y cuanto más le queman los libros, y cuánto más le dicen que no y que cruz diablo, ella, mujer que anida en el verbo, va, abierta, va.



III

Es muy triste morir en este rincón sin haber visto otros horizontes. Pero qué cosa. Una mujer que desea algo más que un hombre, algo más que un hijo, algo más que árbol, algo más que un libro, algo más que un Cristo y un paño, algo, más allá de un horizonte que semeja un alambrado quieto, y, si acaso no es bruja, ni pecadora, ni pródiga hija, una mujer así, pues, ¿qué cosa es?

Es un Lujo, una Encendida, pura Lava.



IV

De la hazaña (vida y obra) cuentan –temerosas- las palabras de Don Alberto Navarro Viola que, lejos de ejercer su oficio de crítico literario, se va de boca en una reacción y le escribe: que desvíe con provecho las tendencias de su espíritu hacia rumbos más propicios y acaso de más vuelo para su corazón de mujer.

Es que una mujer así complica las reglas, alborota, desordena.

Larrosa trabaja como escritora y periodista, es una rareza de la época, celebrada por otras raras lindezas pensantes sudamericanas que se cuidan como quien cuida un jardín por los frutos de verano, y allí estaban, a veces codo a codo, en reuniones, cónclaves, cartas, revistas, diarios; entonces un hombre así -tan inquieto y precipitado por estas féminas atrevidas- forma parte de la ficción y afición diaria en esa Buenos Aires Rioplatense de fines de siglo XIX, por tanto, Larrosa no va a detenerse en los temores de los otros, pues ella es escritora, escribe, es su naturaleza y su trabajo. Qué ocurrencia, la de ése y la de otros que hoy no se nombran y al caso vienen, que una escritora deje de escribir, que una trabajadora deje de trabajar,

no simulan ser progresistas,

(ay, figurar-figurar, no sólo es cosa de esta novela costumbrista, también es afán y condena de la época).



V

Esgrimía Josefina Pelliza una estrategia: la opresión de la mujer es anti progresista; para estos casos, la exigencia inherente al progreso, no siempre encontró hombres a la altura de la circunstancia y esa idea espadachina ponía a prueba los actos nacidos de los regímenes masculinos; parecería que así como algunos hombres festejaban lo nuevo, otros, patitiesos progresistas, las dejaban hacer, como esa frase que viene de lejos y todavía retumba y ata: “las mujeres son como los barriletes, hay que darles mucho hilo”.

Es posible que en la continuidad de lo patitieso, donde el hilo no se corta, ni se suelta, todo fuera cubriéndose de yuyales fulgentes, hiedras, enamoradas del muro, y con ese gesto indolente se acallara y ocultara, por largo tiempo, la construcción de la antigua ciudad de escritoras.



VI

Lo que duele. Ay de la mujer que no se identifica con su suerte, y con su propia mano no cultiva la flor bendita de sus amores. En ese tremendo desfasaje se ubica Rosalía. No esta en su sitio, dicen. Gusta de otras cosas, viste de otro modo. Es una extraña, una otredad para las mujeres cercanas; ese desfasaje, en principio, tiene un nombre: Lujo. (Rosalía gusta del Lujo). Para ese resto comunitario sosegado en lo propio (el poblado de Marvel, la familia, el campo, el esposo, la chacra, los chanchos, los frutos, el amor, el cuidado de la casa, la iglesia…) Rosalía es una patada al espejo de las semejanzas, una curiosidad, un rechazo, algo amoral porque no se asimila a la naturaleza homogénea del grupo; la moral aplana las rugosidades que toda pasión impone, busca igualar. Desde esa moral cristiana (que opera como un personaje más en la obra), las oposiciones entre las unas (mujeres del poblado de Marvel) y las otras (mujeres de la Ciudad de Buenos Aires) provocan afectos primitivos de constitución subjetiva; la base de estos afectos es simple: inclusión o exclusión (aceptación o rechazo). Remite a una lógica de opuestos, así es que no podríamos hablar seriamente de las diferencias, de la diversidad entre estas mujeres, en todo caso deberíamos considerar el derecho y el revés de lo que podría ser una mujer en esa época, época enredada en las trampas morales de un espíritu progresista de corte masculino. Así, el afán de querer pasarse al otro lado, (de lo humilde al lujo, por ejemplo) tiene por destino el fracaso pues el territorio es moral, y a la vez tiene por égida y eje el progreso, comprendido mayoritariamente por los cultores de ese tiempo, lo que significa en esta obra y en una instancia primera: cómo ha de ser una mujer para un hombre de la época.





VII

Ir ¿De dónde a dónde?

El real fracaso no lo absorbe la responsabilidad del eje o la égida masculina, y Larrosa lo sabe, y en la obra se demuestra. El pasaje que habilita el exilio dentro de una mujer, es el pasaje que la lleva de un acto moral a un acto ético; por tanto no se resuelve en un pasaje de opuesto a opuesto; el motor de la búsqueda que ha precipitado ese movimiento no se agota en ese vaivén, en esa oscilación. Por eso es necesario el efecto de la navaja, del corte. Creería, en esta lectura que me permito, que éste es el punto de la novela, que ésta es la crítica de Larrosa, que es ésto lo que señala y ubica.

En el caso de Rosalía, pues bien, madre y hermana la aman (moralmente), la esperan, esperan que se le pase, que vuelva la ovejilla descarriada. O sea, ante este desear e ir detrás de lo que no se tiene ni se debe, surge la esperanza de disolución de ese afán, la esperanza de la comprensión, para luego aguardar su regreso y agregarla al grupo para igualarse a ellas y en ellas.

En el caso de las amigas Monviel, -esas hermanitas que la llevan de la mano hacia el afán de lujo- pues bien, esas hermanitas tampoco soportan el desfasaje y aprovechan las ganas urgidas de Rosalía para travestirla a sus antojos y usarla como señuelo caza- hombres de la más rancia y cremosa sociedad, para usufructo personal.



De todas maneras, siempre hay un resto que no se disuelve y esa Rosalía engalanada hasta el aura, no deja de ser una extravagancia para toda la clase adinerada que la recibe, exhibida como a una muñeca rara y festejada como a una monita vestida de seda.

Convengamos, entonces, que aquí también Rosalía es una patada al espejo de las semejanzas.



El punto, en verdad, es que Rosalía no es ni de aquí ni de allá, porque aún no es de ella, no ha llegado a ella, a ella: puro resto irreductible a los otros, lo que implica un pasaje al deseo y a la ética, un corte, un final a los devaneos morales, que sólo muestran los opuestos: campo- ciudad/ pobreza-lujo/ perfidia-fidelidad/, costurera (mal paga)/mantenida; soltera/casada… etcétera, figuras que dicen sobre el revés y derecho de lo que podía ser una mujer en esa época.

El dolor de no ser aparece en los estertores morales de la voz que narra, no así en Rosalía, a quien pareciera recordársele una y otra vez que siempre hay mayor amparo en lo ya dispuesto (el juego de los opuestos), porque fuera de lo dispuesto hay lo abierto, lo que se espacia en cada quien, y eso, que en primera instancia abisma, es el lugar propicio para construir-se.



VIII

A la manera de Larrosa: Mientras Rosalía a paso exaltado se sostiene erguida en las cifras presentidas del deseo, la voz narradora va cercando las posibilidades de disfrute con desgracias y amenazas: ay de ti que no sabes lo que haces; y es que tiene que ponerse todo tan malo que si no a esta Rosalía no la detiene ni la escritora que la sueña. ¿Y por qué no le da rienda suelta? Larrosa ama a Rosalía, y como la ama la aporrea, a cada paso de nuestra heroína, la voz narradora va santiguándose, graciosamente -siempre hay guiños- ¡Pérfida serpiente! ¡Destilaste el veneno ponzoñoso de la tentación y huiste para que se filtrara más y más en el seno confiado de la infeliz acechada! y todo esto porque Rosalía se deshace de placer frente a un vestido divino que su dudosa amiga Monviel le obsequia para lucir en una gala. La voz que narra, es inversamente proporcional a los placeres que gana nuestra heroína. La que anda más suelta de riendas es Lola Larrosa que compone esta obra con una libertad fuera de serie, pues apela a diversidad de formatos narrativos que conviven a gusto; allí lo epistolar, lo periodístico, lo religioso, el chusmerío y sus enjambres, los paneos sobre lo femenino, las hablillas chismográficas, la sinfonía de la murmuración, la historia dentro de la historia, la crítica dentro de la ficción, la ficción interpelando la sociedad.



Las trampas de la moral que tejen la trama, incomodan si olvidamos dos cuestiones: Larrosa escribe, va por su cuarto libro, no es costurera, no borda, no es mantenida por un esposo, trabaja, gana su dinero como periodista y escritora, dirige un diario que ha fundado en su momento Manuela Gorriti; cuando asume la dirección y la posta lo bautiza con otro nombre Alborada literaria del Plata, su marido periodista se ha vuelto loco, tienen un niño de poca edad.

Por eso, la moral que se le exige a Rosalía no deja de estar intervenida por la ética de Lola Larrosa en esta composición literaria que critica y señala las zonas ciegas del progreso como caminos que no conducen a un nuevo lugar para la mujer.

El otro punto a considerar es que Rosalía no es ni de aquí ni de allá, porque aún no es de ella, no ha llegado a ella. Pues no es el lujo, esa experiencia de vivir en aquel Buenos Aires acotado de mujeres adineradas que aman las fiestas, las joyas y los vestidos; ni tampoco la abnegación amorosa de la tranquila vida en un pueblo junto a un hombre en las afueras de Montevideo lo que le permite su despertar, su descifrar el deseo, llegar a sí.

La clave pareciera estar en su regreso, en el regreso de Rosalía después de ese largo, deslumbrante y doloroso periplo; en ese regreso que no es regreso de lo idéntico, Rosalía lleva-invita y alojará en su tierra-territorio a María, una mujer que escribe, que lee, que traduce del francés, una mujer que vive de ese trabajo, que trabaja con la palabra y el pensamiento, esa mujer no pertenece a ninguno de los opuestos en pugna, no es una mujer de la casa, ni una mujer que gasta la plata de su marido en alhajas y vestidos, esa mujer es ajena, habita la zona foránea al par de opuestos que siempre copulan, esa es la otra mujer, esa es la otra, la que marca una diferencia, la que abre a la diferencia; de esta posición emerge otra ética, una posibilidad que invita a la letra, invita a un nuevo lugar, a lo abierto, para asimilar la diferencia y en su construcción alojarla.







VIII

Créditos y respetos: Lea Fletcher; Bonnie Frederick; Clorinda Matto de Turner; María Teresa Ramos García; Josefina Pelliza de Sagasta; Cristina Andrea Featherson; Vicente Osvaldo Cutolo; Tomás Auza; Sylvia Molloy; Sandra Jara y Cristina Piña, a cuyos trabajos recurrí conforme avanzaba en la construcción de esta nota. 

Vanesa Guerra 

Mayo 2011

El lujo : novela de costumbres/ Lola Larrosa :con prólogo de Vanesa Guerra - 1ra edicion. Córdoba: Buena Vista Ediciones, 2011
188p. 15x21cm  (Las Antiguas: Primeras escritoras argentinas/ Mariana Docampo)
ISBN 978-987-1467-28-0
1 Narrativa argentina. 2. Novela I. Guerra, Vanesa, prolog.II. Titulo
CDD A863

http://coleccionlasantiguas.blogspot.com.ar/2011/07/el-lujo-de-lola-larrosa.html

Saturday, July 14, 2012



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PizarniK- MolloY

A Sylvia Molloy
Miramar, Viernes 6, 24 hs.

Ma Chère S., se te extraña aquí, si supieras cómo se te extraña aquí. Y muy en especial se piensa en tu “segundo” rostro —el que traté torpemente de describirte. Espero ser chez toi materia de nostalgia, si es que tenés tiempo y espacio libres para mí, ahora que andás por el lugar de las metamorfosis y de los descubrimientos.
Hoy cometí mi primer acto heroico. Fui a la playa. Pero no estoy tranquila, no estaré tranquila hasta que no escriba como yo deseo sobre lo que deseo y de la manera que deseo. Nada más estúpido que alentar estos deseos y no obstante son más fuertes que mi sentido erítico y mi sentido del humor. De todos modos escribo poco y mal. A causa de ello dibujo un poco, pour me réchauffer un peu, para invitar al Gran Silencio a posarse en mi memoria. Pero qué te estoy diciendo para mi capote! Decíme pronto si vendrás en Semana Santa pues en caso contrario no me interesa quedarme en Nachtua, quiero decir en Miramar. Envié sendas cartas a las Hamadas Olga e Yvonne de modo que si venís llamálas por si desean también venir.
Après les pluies et les rires et les saisons et les fourrures et le soleil et notre sourire il reste une chose inal-te-ra-ble:je t’aime beaucoup, beaucoup, beaucoup, d’ace?
Exhaustivos abrazos, querida amiguita, y más aún
Alejandra
Otra perita von Avila: “Peribañez o el Comendador de Ocaña” de Lope de Pera. Hacer un bello caballerete renacentisco mit die hand und mit die gregüeseos von culotem de soie.

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A Sylvia

A la hora de oro no dores las palabras, al duro sol de la poesía A la hora sin oro dedícale una mirada sin tiempo una mirada sin oro sin horas dedícale el deseo de no pasar más tiempo para que el tiempo corra ingenuo como el agua de una fuente para que los días pierdan su nombre para que el tiempo pierda pie y tú puedas, al fin, mirar antes del primer día.
Alejandra
Sábado 13 junio 1964
Nota: Atención de Sylvia Molloy

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Crónica social
Por Bartolomé Cabello y Caspay Julio Secador y Plancha

¡¡¡El escándalo de la semana!!!
Piénsese en Sir Walter Raleigh.
Piénsese en Petrona C. de Heidegger.
Piénsese en mi tío.
Tan dispares referencias no tienen otro objeto que el de llamar a lareflexión, con el fin de transmitir, comunicar e informar a nuestros inocentes —por ahora— lectores y lectrices, acerca de un escandaloso suceso en el que tomaron parte tres mujeres muy representativas de nuestra intelectualidad telúrica. ¿Quiénes son aquellas a las que no vacilaremos en tachar de endemoniadas? Ellas son:
1) ALEJANDRA PIZARNIK Y PI Y MARGALL Y PU, conspicua representante de nuestra contemporaneidad vigentemente pútrida, autora de “Las masas más ajenas”, “La última trastada” y “Los yoghurtes perdidos”.
2) SUSANA THENON INCLANSKY, SEÑORA DE PUEBLA Y CARMIÑAL MANTOVANI, perspicua rematadora y martillera privada laika, autora de “Reblán sin tregua”, “Tregua sin reblán” y “Spolianski” (poemas).
3) ANA MATA BARRENECHEA HARI SPITZEROVA DE HULA-HULA, cirujana en letras, perita y manzanita en Estilinsky y Gramatova, Master of Arts of Embriology and ciencias Ocultas, autora de “¡Viva Alfonso Reyes!” (tesis de doctorado), “¡Muera Alfonso el Sabio!“ (tomá), y “Se necesitaba tanta jalea real para encender tanto José Cría”, (Balneario La Paloma, 1959).
Las citadas potrillas fueron vistas en circunstancias que nos es penoso consignar. A las 2 de la madrugada canicular, tres sombras se arrastraban hacia un mateo. Una de ellas, la más flaquilla, cubría su rostro con un níveo limpiamokos, a fin de nos ser reconocida. Pero ¡tate!, nuestras cámaras fotográficas captaron el momento en que, con ágil y vicioso brinco, se encaramaban al citado artefacto.
¿A dónde se dirigían a esas horas de la noite? ¿Quo vadis, mentecatas? ¡Noli me tangere, sierpes!
Rueda el carro infernal por la noctámbula calzada. Desde nuestro escondite escuchábamos sus risotadas caducas, sus arrebatos demenciales, mientras amenazaban al pobre auriga con tomar un coche de remisse.
¡Fementidas mozas! ¡Zagalas vendidas al oro de Nápoles y a por quién doblan las campanas, con Ingrid Bergman y Gary Cooper, en el lorraine, $15! ¿De qué os sirvieron las lecciones que os vois impartieron en la Carpa Birmana (Birmansky y Korsakoff Ltda.)?
Y para sellar la afrenta, habéis manchado con vuestro esputo el vetusto frente de la casona solariega de la facultad de filosofía y letrinas.
para Anita con el mucho afecto de su amiguita
Alejandra
y la Susy (del abasto)
Nota: Atención de Ana María Barrenechea

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Ya es de día, arráncate los ojos más grandes del mundo.
Ya es de día, desnúdate de tu cuerpo de ángel perfumado. Ya es de día. Vístete con cáscaras de tortugas asesinadas, cúbrete de pelos polvorosos y de residuos de sangre. Arrástrate por las paredes en busca de alimentos, bebe donde orinan los muertos. Levántate y anda, bestia con memoria, memoria llagada, recuerdo de sangre. Levántate, desconocida con alas de arpillera, vuela cargada de tierra por las piedras silenciosa. Sacrifica tu sueño y cúbrelo de cenizas. Incorpórate, es de día y los justos ya trabajan. Reintégrate a la grasa, al sudor y al polvo. Confiesa hoy también que aún estás viva. Levántate y anda, pobre bestia, y sin llorar.
Alejandra Pizarnik
Nota: Atención de Ana María Barrenechea

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Dos finas poetas argentinas:Alejandra y Sylvia y viceversa
—Tac, Tac, Tac. Los martillazos que daban no dejaban sosiego ni tranquili-dad.
—Mantengamos en alto la líricaxx exigencia
Que impone jerarquías de la ropa interior.
La calidad del culo es la única excelencia...
Así cantaba el Chulo que nos dejó en herencia
El fino privilegio del culo y de la flor.
—Las lenguas muertas. Las lenguas vivavs. El palillero. el cura présbita.
La nariz roma. Una perra gorda en la mano y una flaca en la otra manopara hacerle cuestiones al veterinario. El cogote cortado al rape. Enco-gerse de hombros estilo Angélicacxxxx. Cojo. Hacer cama. ¡Qué cosa tanbonita! Sus fuerzas son pocas, su habilidad es mucha. Tiene un culo algogrande. ¡Qué lástima. Luego salieron seis enanos comiendo confites, opri-miéndo sus niños contra sí, éstos contándose sus vidas y aquellos susamores.
El, la espalda.
El, la frente.
El, la llama.
El, la llama.
El, la llama.
El, la pez.
El, la tierra.
El, la cólera.
El, la prisxión.
El, la malmaison.
El, la toison.
El, la oración.
El, la creación.
El, la semaison.
El, la torpille, la ralme, la fumée, l’armoise, la dour, la légion d’honneur.
Vivaqueemos, vivaqueemos, vivaqueemos!!
C vous connûtes Rosita9?ombrait lègèrement la lèvre supérieure de Rosette un duvet fin. Et aussicelle de sa soeur Conchette la Soltère.
Nota: Atención de Sylvia Molloy. Escritos en colaboración con Pizarnik en París. Los errores tipográficos son de la versión original.

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Escena de la locura de mademoiselle Pomesita Laconasse
por Sylvia y Alejandra y porAlejandra y Sylvia (y vice versa)

La que con su culo pajarero decía “perfumear” en vez de “perfumar”desp- ertó esa mañana con deseos de intrinsiquezas dignas de un iñiguista.
—Who am I?— estalló.
Pero se detuvo en esta inquisición con la diestra yx desición de univer- salizar se peripato. Por eso enflautó:
—Who is who?
Esto la hizo xx reir a mandíbula batiente. Es así como soltó el trapo y el chorro, carcajeó, se comió la risa, se finó de risa, se descalzó de risa, se destornilló de risa y por fin se cayó de culo prorrumpiendo:
ja ja ja
je je je
ji ji ji
+ hi hi hi
ju si ju
anopluro
Ah!— exclamó. Y además exclamó:
—ta! , hum!, córcholis!, mecachis! —y dándose una palmadaza en el musli-to siguió exclamando :
Quel gustache a pistache! Me circulo en la rueda de Santa Catalina. Me ensalmo a sombra de tejado. Me meduseo. Me traigo al retortero. Me acomodo a vacar. Me embalumo y me enfosco con un piezgo de corambre. Quel gustache a pistache. Me crío los pechos con una zapatilla. Me empanado con un hugono-te. Me meo a la flor del perro. Me echo la pata. Me tengo el pie sobre el cuello. Me hombruno de lunas. Me enlobezno (grrrr.). Me chocheo los dospatitos. Me hago la zancadilla con las patas en alto. Me voy por los cerros de ubeda, aprieta+, atiza!, arrea!, brrrr!, fait pas chaud. Quel gustache a pistache!
El observador desinteresado que la observaba por el ojo de la cerradura se preguntó si nuestra heroína estaría en sus cabales y si sí por qué y sino por qué no.
—No soy ninguna occiputa— díjose Pomesita para su capote de zorros pla-teados que críaba con ovomaltina y sal de fruta ANO gracias a lo cual era un capote ENANO.
—Mecachis y córcholis? Ca sent l’entrejambe, qu’elle dit en flairant l’atmosphère et plus encore l’onosphère d’une narine qui se voulait délicate. Me suis- je aspergée ce matin?
(Cortina musical, o como dicen los franceses, Rideau de musique: Asperges me Dooooomineeeeeeeee! CORO: sniff! sniff! sniff! Bravo!! Pis! bravo! Pis!).
Es así como Pomesita La Meonne prosiguió su coquetona disertación:
—Quel gustache a Pistache! Si estuvieran aquí mis amiguitas Sylvia y Alejandra! Ellas sí que saben la cosa-cosa! Ellas sí que cogitan hondo y franco!
p.2. av. de pom. lac. onasse.
Si estuvieran Alejandra y Sylvia!Qué amiga de sus amigos!Qué señoras para criados y parturientas!Qué maestras de esbozados y calientes!Qué sexo para concretos!Qué gracia para los osos!Qué corazón!!!!A los bravos y legañosos,un meón!En venturam Vespasianas;Pomesianas en jodery estrullar;en la virtud, Africanas;Animales en xx sabery laburar;en la bondad, mejor no hablemos;en sus brazos, siempre, don Aureliano,y a veces Marco Tulio por lo que les prometíacuando se vestía de tía -.No alcanzaron a huir con muchas riquezasen las axilas.
De pronto Pomesita xx medita y hesita al niveau del caniveau y vuelve a hhesitar, excitada, entrex un hombre de bigotes, y de buenas letras, un honm
bre de ambas sillas y un hombre de pelo en pecho, un hombre xx menudo ynuevo y no tener uno hombre, un hombre de copete y un hominicaco, un hombrede calzasxxxxxxxx atacadas y una hombrera, un hombre bueno y un homúnculo,un hombre de manga y una hopalanda, un hombre de pro, de pré y de pprá yun hoplita, un hopo y un hondeador, un hondureñismo y un hongo, pero tuvo miedo de mancillar su honrilla y cerrando los ojos los dejóx pasar.
Es así como, desolada, contemplçó por la ventana, sola, solitaria,ebria de trementina y largos besos y, distraída, rascábase el divertículodel costal de los pecados , la comisura del bacinete y la islilla del chi-fle turullante como un escodadero.
A la mañana siguiente encaminose a Domodossola en donde había dormido. Había dos pasajeras en el auto, dos jóvenes egipcias que iban de Calais a Venecia en auto-stop, con un mensaje de helicóptero de Munich a Buenos Aires para el regreso. Caía plúmblea pluvia sobre el lago Mayor; xxxxxx Pomesita patinó y rompióse el anfiteatro coxal sin que sus compañeras se inmutaran.
Se compró entonces dos smokings blancos y su amigo Pérez la invitó a fes-tejar su partida con alfajores. La velada se prolongó hasta tarde y se co-gió (el subrayado es nuestro)= A la mañana siguiente confió el auto a un me-cánico y tomó agua de Vichy, luego hizo pipí (bravo!—musitó el observador desinteresado que la espiaba por el ojo de la cerradura. —Cf. école du regard).
—Tu sculptas— díjose Pomesita llorando— Je sus. Vous voulûtes. Vous sûtes. Tu dis que l’humanité a vu la Vierge. Pas vraie, mon pot.
paj. trua de pom. l. con.
Pomesita no estaba contenta.
—Hay algo podrido en el reino de los cielos —meditó— Cela a uneodeur xx d’entrejambe. Ne ferme pas.
—Ay, ay! no señor, si tengo tres callos en cada dedo —respondió la fámula–
Un taureau passa et lui pissa le pied.
—Et comment te feras-tu aimer? répondit la petite fourmi
l ramo de olores. Sal y pimienta. Ajos chicos. Borriqueta a la minuta. (Self-borriqueta) 1 estragón 1 pimentón 1 satiricón un rincón un callorynchus callorhyncus. L. 1 kilo de gallo 1 chalote en franco hervor un amasijo de queso 2 hojas de colapez 2 hojas de cola pollo 2 hojas de colagogo
Instrucciones para el uso: en una asadera de porcelana refractaria hágaseun caldito con almejas (sin conchitas). En cuanto suelte el hervor grite “mamá” y hágase a un lado. Esto formará una pasta homogénea llamadaxxxxxxxxx “pastacciuta”. Luego se saltará una borriqueta habiéndola untado previamen-te de huevo batido y colapez. Independientemente, se calentará prudentemente la cresta del kilo de gallo hasta que se le vayan las agallas y se dejede joder en los campanarios. Estragar el culo del estragón hasta desposeerlo de las glándulas naturales de un estragón. Rellenar el culo del estr agóncon el satiricón cortado en finas lonjas picadas con chalote franco y conun puño de queso, escalfando por último el callorhyncuscallorhyncus L. conun diente de ajo, un ojo de cebolla y cuatro kilos bifes con papafritas.
Echar a un rincón. Absorber las hojas del colagogo a la azunceña y servirel todo en una fuente verde con florcitas rosadas.
Consejo de provecho general para gandes y chicos:el pescado de mar no tiene gusto a entrejambe.
Dígale a su médico que Ud. no come pescado y verá lo que él le dirá.
—La reputísima madre que lo parió!! —xxxxx dijo el Dr. Planck.
No todo lo que se pesca se puede comer. Ejemplo de ello el Congo Belga.
Hay religiones que prohibe n comer cerditos, vaquitas y homúnculos pero ninguna prohibe pescar.
No compre cualquier pescado. Compre callorhyncus callorhyncus L.
Desde tiempos prehistóricos se come pescado, y más aún x: trufas con ceniza.
Enseñe a sus niños a comer pescado y ríase después de las espinas:
ja ja ja
je je je
ji ji ji

Nota: Atención de Sylvia Molloy. Escritos en colaboración con Pizarnik en París.
Los errores tipográficos son de la versión original.

dr. elephant de

Saturday, June 09, 2012

Voces para Lilith > Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica

Voces para Lilith
Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica.
Lima, Perú. Editorial Estruendomudo, 2011
Ghezzi, Melissa y Salazar, Claudia (compiladoras)


Dialogan: Gabriela Robledo, poeta antologada y Claudia Salazar, antologadora

Varias antologías de literatura homosexual en lengua española publicadas del año 2000 a la fecha incluyen algunos textos de temática lésbica. Ninguna antología latinoamericana, sin embargo, había sido dedicada exclusivamente a la literatura lésbica, lo que confirma la obliteración del tema en producciones editoriales sobre homosexualidad. Voces para Lilith (2011) viene a cubrir un vacío también reflejado en los estudios literarios y de género en la región. De allí el valor singular de esta publicación en el ámbito de la construcción de imaginarios alternativos a la heteronormatividad. La obra recoge 48 textos de escritoras sudamericanas contemporáneas sobre temática lésbica, tanto de poesía como de narrativa.

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El 30 de julio de 2011, en la Feria Internacional del Libro de Lima, Melissa Ghezzi y Claudia Salazar, antologadoras, recibieron a las escritoras Rosario Aquim de Bolivia; Marianela Cabrera, Eleonora Requena y Ely Zamora de Venezuela; Gabriela Robledo de Argentina y Melissa Ghezzi y Jennifer Thorndike del Perú, autoras participantes de la antología.
Al principio, el auditorio empezó a poblarse tímidamente, pero cuando las escritoras comenzaron a leer sus textos, la sala se llenó con un público variado: visitantes de la Feria, escritores y escritoras y mujeres que escuchaban expectantes algo que les resultaba, a la vez, familiar y novedoso. El evento dio un paso hacia la reivindicación lésbica de los espacios públicos.

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Como toda antología, Voces para Lilith propone un corpus considerado esencial desde el punto de vista de quienes realizamos la compilación. El eje de nuestra selección fue el criterio estético, por lo que incluimos textos que juzgamos valiosos por su calidad literaria. Consideramos también que la antología reuniera textos inéditos de autoras sudamericanas sobre temática lésbica, tanto de poesía como de narrativa; que tuvieran al menos un libro publicado anteriormente, de preferencia sobre el tema; y que continuaran en el ejercicio literario. Se trata entonces de una antología de textos contemporáneos que representa la pluralidad de la experiencia lésbica, con especial cuidado en el manejo de la escritura.
La convocatoria nos permitió reunir una gran diversidad de voces de escritoras sudamericanas. Entre ellas se puede encontrar algunas de renombre junto a otras para quienes la antología representa una oportunidad de divulgar sus escritos más allá de las fronteras nacionales. Al hablar sobre literatura latinoamericana, Brasil suele ser excluido por la cuestión lingüística. En Voces para Lilith esta barrera fue superada; las autoras luso-hablantes fueron traducidas al español. Si bien buena parte del trabajo de investigación dependió de nuestro conocimiento de algunas publicaciones o del acceso a ellas a través de medios tradicionales (especialmente bibliotecas), hubo autoras a quienes llegamos gracias a los contactos que nos brindaron otras escritoras hispanoamericanas.

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Gabriela Robledo - Cuando recibí la invitación para participar en la antología pensé en el valor de las redes que la hicieron posible. En mi experiencia como escritora, académica y activista lesbiana feminista he tenido la oportunidad de participar con varias de las autoras no sólo en lecturas y congresos, sino también en acciones del movimiento lésbico de Argentina. Claramente, lo que tenemos en común es la preocupación literaria por hacer emerger una nueva sujeta discursiva, distinta de la sujeta “mujer” literaria e histórica, que existe a cambio de un pacto con la heteronormatividad que le asegura legitimidad y coherencia sexual y social. En estos cambios de imaginario se juega una tarea política.

Claudia Salazar - El proceso de investigación y compilación puso en evidencia la relación entre nacionalidades y sexualidades. No es una coincidencia, a mi parecer, que un país como Argentina, donde hay muchos avances en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las poblaciones homosexuales (hasta el momento es el único país sudamericano donde se ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo), sea el que presente más escritoras sobre temática lésbica y en el que las publicaciones relacionadas hayan experimentado un auge. Esto es un síntoma de las complejas y estrechas relaciones que se dan entre lo político y las representaciones culturales de las subjetividades marginadas.

Gabriela Robledo - El hecho de que haya más escritoras argentinas puede verse como un proceso dialéctico. En Argentina hay un sólido ejercicio de práctica y reflexión política. Los Encuentros Nacionales de Mujeres son un ejemplo de ello. Se organizan desde hace más de 25 años buscando un diálogo plural y horizontal. En 2003 abordaron decididamente la temática lésbica –aunque los orígenes del activismo LGTTB puedan rastrearse hasta inicios de los años setenta. Estas circunstancias movilizaron indudablemente el reconocimiento tanto de los derechos como de la existencia y la humanidad de las lesbianas en cuanto sujetas. Creo que esta ha sido una condición de posibilidad para la emergencia de nuevas enunciadoras, con producciones literarias capaces de expresar subjetividades lésbicas, explorar nuevos territorios de lo erótico e interesadas en un cambio de libreto que transgreda el lenguaje de la literatura androcéntrica y universal.

Claudia Salazar - Algunas escritoras declinaron la invitación a participar en nuestra antología aduciendo que corrían el riesgo de ser etiquetadas como lesbianas, independientemente de si lo son, lo que podría ir en detrimento de sus carreras literarias al encasillarlas en una temática. Otras señalaron que no habían “salido del closet”, algo que no fue requerido en la convocatoria. Dime, Gabriela, como autora, ¿te preocupa ser encasillada como escritora de temática lésbica?

Gabriela Robledo - No tengo una mirada esencialista de las identidades, no creo que sean fijas ni inmutables. La literatura no tiene sexualidad, no creo que haya una literatura lésbica. No es necesario tener la experiencia de un astronauta para escribir sobre las estrellas. Esa distinción no es tan clara en literatura de temática lésbica, donde se asume que sólo una lesbiana se atrevería a expresar una experiencia que aún supone una carga negativa. Es parte de una ontología biológica de la sexualidad que sigue presente, que es preciso comprender en el marco de la modernidad, donde fue gestada. En la antología existen varias aproximaciones sobre el tema.

Claudia Salazar - Sí, lo erótico y las representaciones del cuerpo ocupan casi previsiblemente un lugar central tanto en los poemas como en la mayoría de relatos recopilados. En varios poemas prevalece la mirada interior que se vuelca hacia un tú en un movimiento consciente de su propio carácter transgresor. Este tipo de mirada recala en expresiones de corte erótico y romántico que apelan centralmente a una manifestación del deseo lésbico. Algo similar sucede con algunos textos narrativos donde lo romántico y lo erótico se conjugan, ya sea con el deslumbramiento ante el descubrimiento de la afectividad homoerótica o con las negociaciones y luchas de los personajes frente a un silencio impuesto por las convenciones sociales.

Gabriela Robledo - Para mí no es casual que los temas más recurrentes sean los más viscerales –amor, desamor, condena social, miedos– porque la literatura como hecho social nos ha ayudado a objetivar ciertas opresiones de género difíciles de ver en solitario. Mi poesía no está orientada particularmente hacia el amor romántico, pero sí –y especialmente en mi primera juventud– ha funcionado como un géiser, una explosión en medio de un mundo que lo único que ha tenido para ofrecer ha sido silenciamiento. Involucrarme en el activismo fue una manera de romper ese silencio y darle nuevas savias a mis poemarios. Ahora, en la antología, ¿cuáles han sido las características más sobresalientes de los textos?


Claudia Salazar -En muchos prevalece una intención que se podría llamar testimonial, que quiere expresar y sacar a la luz estas experiencias invisibilizadas por tanto tiempo. En ese afán testimonial radica la fuerza de estos textos. Hay otro tipo de textos que trasciende este ámbito y se orientan hacia la exploración estético-discursiva. Se trata de textos más atrevidos, más experimentales, que quiebran linealidades y desestabilizan lugares de enunciación ya normativizados, por lo que permiten plantear lo lésbico como un espacio de rupturas de normativas falogocéntricas. Pienso, por ejemplo, en relatos como los de la venezolana Dinapiera Di Donato, la peruana Jennifer Thorndike o la argentina Vanesa Guerra, por nombrar algunos, que utilizan la ironía y el humor como armas desestabilizadoras y ponen en jaque la noción de una narradora o escritora lesbiana.
Recuerdo que al final de la presentación una adolescente del público preguntó a las integrantes de la mesa: “¿Como manejaron la escritura sobre temática lésbica con sus familias?”, porque ella misma escribía y sentía miedo de que sus padres supieran que le gustaban las chicas. Tú le contaste tu experiencia personal, primero de rechazo y luego de aceptación, y la niña quedó encantada, lo cual me llevó a pensar en la literatura, no sólo como un hecho estético inmanente sino como un medio de producción de condiciones de vida.


Gabriela Robledo - Sí. Ese fue el momento donde el cruce entre lo personal y lo político estuvo definitivamente frente a nuestros ojos. Donde se hizo cuerpo.



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Ghezzi, Melissa y Salazar, Claudia (compiladoras). 2011. Voces para Lilith: Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica. Lima: Editorial Estruendomudo. 400pp. ISBN: 9786124104008.


*

Gabriela Robledo es Escritora e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba
Claudia Salazar es Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de  Nueva York (NYU)
Publicada em: 21/09/2011 às 11:14 entrevista

Publicada em: 21/09/2011
http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?infoid=8680&sid=43


dr. elephant

Friday, March 16, 2012

Heliogábalo o el anarquista coronado> Antonin Artaud- texto completo on-line


Heliogábalo o el anarquista coronado (1934)

Antonin Artaud

Ed. Argonauta, 1972

por Vanesa Guerra 



A ese que supo escribir “El amor es un horrible desprendimiento” no le daremos la espalda en su gozo por la hechura de aquel libro espasmódico y orgiástico sobre la pasión de Elagabalus. ¿Quién sino Artaud para narrar en múltiples claves la vida y disolución de un emperador más cercano al Sol, a la divinidad y al fuego, que a los modos unívocos y aun lineales con los que se confecciona la vida en esta tierra? Es obvio que en el año 203 este planeta era otro mundo, pero también es obvio que Artaud experimentaba la existencia fuera de los tiempos que vivía; el poeta también pertenece a otro reino. Ciertas voces en ciertos textos nos resucitan zonas que nacieron muertas. Este libro guarda ese poder. Y si acaso se entrara en la trama y en la intensidad pavorosa de su construcción, no se saldrá igual: ni aún más sabio, ni aún más cauto. Sólo es posible que las fuerzas que habitaron a Heliogábalo nos acorralen en nuestras identidades y nos adviertan que la libertad de ser quedará siempre incómoda y apresada en el único nombre con que se nos ha nombrado al nacer.

Para columna Libro recordado: Suple de cultura Tiempo Argentino: http://tiempo.infonews.com/2012/03/25/suplemento-cultura-71208-heliogabalo-o-el-anarquista-coronado.php 

Ver texto completo:

http://bilboquet.es/documentos/Artaud,%20Antonin%20-%20Heliogabalo%20O%20El%20Anarquista%20Coronado.pdf




Tuesday, February 21, 2012

Altares en la Patagonia >> Fotos>> Lidia Milani

http://hemi.nyu.edu/journal/5.1/por/artist_presentation/lidiamilani/index.html
http://hemi.nyu.edu/journal/5.1/por/artist_presentation/lidiamilani/gallery.html
http://hemi.nyu.edu/journal/5.1/por/artist_presentation/lidiamilani/essay.html


Altares a la vera del camino
Vanesa Guerra



¿Existe una voz humana, una voz que sea la voz del hombre, como el chirrido es la voz de la cigarra o el rebuzno es la voz del asno? Y si existe, ¿acaso el lenguaje es esta voz?


Giorgio Agamben

A propósito de la obra Altares en la Patagonia
Las fotos que Lidia Milani nos presenta fueron tomadas en el sur de la Argentina, en la Patagonia, allí donde emerge desde la meseta la Cordillera de los Andes. La Patagonia es inmensa y hondamente despoblada; a medida que nos adentramos en ella, los pueblitos se transforman en páramos y los páramos en cascos de estancias, acertados en los mapas como puntos importantes, pero sólo predilectas propiedades privadas que se distancian entre sí cada vez más.

En los caminos que cruzan las hectáreas desangeladas de las estancias y en los caminos que corren a la vera de los ríos, el viajero, gente que no siempre es del lugar, va dejando sus huellas; quienes hemos recorrido el sur sabemos de inmensas rocas inscritas o pintadas con el nombre amado de un pueblo lejano; o señales de vialidad erosionadas de viento y atravesadas por el tiro certero de una escopeta; y también, sabemos y hemos sido tomados por las manos que trabajan las paredes de una montaña, o las piedras y maderas del camino con las que el viajero o el peregrino que anda construye altares.

En las rutas inhóspitas de estas tierras abiertas, la gente habla o se habla a través de esas huellas.

Revaloramos el gesto de detenerse, el acto de construir un altar, la apertura a un tiempo al margen del acto de viajar, o del acto de trasladarse en la extensa hondura de esta región, de un pueblo a otro.

Revaloramos la mirada de Lidia Milani, que nos transforma con su acto y con su gesto artístico en viajeros de esas tierras y a la vez en interlocutores de esas gentes que levantan altares llevando de un sitio a otro una estatuilla a cuesta o tan solo disponiendo un par de maderas en forma de cruz.

Acaso, estas imágenes que ha sabido intuir y legarnos ésta fotógrafa nos permitan reflexionar acerca de la posibilidad de recuperar la experiencia en la vida contemporánea.

Estamos advertidos de la dificultad, como ya planteara Agamben “al hombre contemporáneo se le ha expropiado su experiencia” sin embargo, cuando elabora La crítica del instante y su continuo dirá: “una transformación cualitativa del tiempo sería la de mayores consecuencias y la única que no podría ser absorbida por el reflujo de la restauración” (1)

Así, de alguna manera queda planteado que “cambiar el mundo” significa sobre todo “cambiar el tiempo” hacer una experiencia diferente del tiempo.

Cada altar entre los altares
Por otro, lado es importante agregar, que los altares que Lidia Milani captura o los altares por los que la mirada es capturada, son un hecho único e irrepetible, aún cuando esas mismas vírgenes, encuentran otros altarcitos a la vera de otros caminos en regiones tan remotas como el norte del país en Salta, o en Jujuy o en el corazón abigarrado de una esquina transitada en plena urbe porteña.


No se trata de buscar lo que hay en común entre ellos, de hecho nos perderíamos: lo plantearemos así:


Una imposible peregrinación por cada altar, dibujaría un recorrido pretencioso que uniera pampas y mesetas, desolaciones y plazas céntricas, lo urbano con el llano, los rincones de una casa con la esquina de una iglesia, donde alguien construyó un altarcito, afuera, en la vereda de enfrente, donde un perro callejero le ladra a un mendigo que tiene una estampa arrugada de la Virgencita Desatanudos en la mano.


La imposible peregrinación procede a comunicar elementos en una suerte de red movediza que crece de manera multiforme, pues la gente que anda caminos y calles, continuaría levantando altares por detrás de nuestros pasos, mientras la vida transcurre a sus costados, entrelazándose.


Esto nos recuerda en primera instancia una idea de Jorge Luis Borges desarrollada en El idioma analítico de John Wilkins (2); recordaremos que el narrador plantea que:


-“todos los idiomas del mundo (...) son igualmente inexpresivos”


-“en el idioma universal que ideó Wilkins... cada palabra se define así misma”


-Wilkins “Dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies.”


-“La belleza figura en la categoría décimo sexta, es un pez vivíparo, oblongo. Esas ambigüedades, redundancia y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en: (a) pertenecientes al emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d)lechones, (e)sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h)incluidos en esta calificación, (i) que se agitan como locos, (j)innumerables,(k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera,(m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.”


-“… no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple, no sabemos qué cosa es el universo.”


-y por último, “(Teóricamente, no es inconcebible un idioma donde el nombre de cada ser indicara todos los pormenores de su destino, pasado y venidero.)”


Por todas estas ideas que refieren a la condición humana, pareciera que buscar lo común es tan complejo como hallar lo singular, pues buscando y clasificando lo común, Wilkins, y después Kuhn, han llegado al desparpajo de lo singular, al punto de poner dentro de una comunidad y a la misma altura, elementos tan complejamente disímiles en tiempo y en espacio pero imaginariamente hermanados.


En continuidad a esa misma discusión, Borges en Funes el memorioso (1942)(3) pone en boca de su narrador la siguiente idea:


“Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes de recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y de diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).”


Creeríamos que estas ideas bien podrían aplicarse a los altares que la gente ha levantado al costado de los caminos.


Cada altar tendrá en secreto su nombre dado, pero no sabemos qué nombre se cifra en la entraña de su destino.

Encuentro y presencia

Es en el encuentro entre los unos y los otros, por ejemplo, entre los hacedores de altares y los que andan caminos, donde la experiencia del encuentro hace huella.

Lo planteraremos así:

Altares en la Patagonia bien podrá ser un rescate del afán popular e íntimo de los argentinos; aún, bien podría ser la muestra irrevocable de un país caído tras la crisis del 2001 que levantó su esperanza y su amargura en tantísimos altares sobre diversos recodos en tierras argentinas; sabemos que a la vera de nuestras rutas, hay demandas de amor, rogativas, agradecimientos, ofrendas, promesas, recordatorios, nacidos de un gesto personal y privado, pero –y queremos subrayar lo que sigue- estos altares tienen la potencia de convocar a otros, hombres y mujeres, que azarosamente encontrarán o pasaran por el sitio, para detenerse, elevar nueva oración y hermanarse a quien no conoce, en la misma fe.

Por eso decimos que un altar a la vera del camino es un lugar de encuentro. O mejor dicho: es un lugar que se funda en tanto el viajero lo encuentra, o quizá, en tanto el viajero atento es encontrado, atravesado por una presencia que desde la vera, con halo ajeno y familiar, lo convoca. En ese encuentro, el altar desata un tiempo propio que atesora la cifra del voto, cifra que refiere a la condición humana, a la experiencia del desamparo o a la experiencia de la gratitud. Cada altar invoca un mundo subjetivo, infinito pliegue de la voz humana que intenta un salto que la trascienda. Y allí donde la voz se acaba, donde el lenguaje encuentra su buena frontera, donde las flores, las velas, las reliquias, las estatuillas agregan soporte a la lengua, se levanta el altar invisible y poderoso, ombligo de plegarias, portal entre los unos y los otros.

Hacer huella–experiencia. Cada altar se enlazará así mismo en sus propias diferencias, aquellas que puede alojar en cómo mira y es mirado. Cada quien sedimentará lo que caiga de esa experiencia de encuentro, experiencia temporo-espacial con los otros, los semejantes, ausentes, pero representados.


Fe y palabra

Así vírgenes y altares andariegos, a fuerza de peregrinos, brotan como un llamado. En el extasiado paisaje patagónico, en la vasta soledad de las mesetas, en parajes que aún vibran el eco de la hechura geológica reciente, el gesto y la huella de la fe, propone un lazo con el semejante; será ése el misterio, la fe que habita en la palabra, el poder real de la palabra, que hace escritura en el cuerpo, en el propio y en el ajeno -que escucha y habla; que mira, se mira y es mirado-, cuerpos atravesados y acompañados por la letra, cuerpos que realizan un acto y construyen (inscriben) un altar que los representa en gratitud y en desamparo frente a sí y frente a su Virgen, y necesariamente, frente a los otros.

Entonces, las virgencitas y los altares andan porque los hombres y las mujeres hablan, porque habitan el lenguaje, porque los altares se construyen con palabras que narran la historia de cada quien, por eso, de algún modo, evangelizan en la fe hacia lo humano y llevan la palabra de unos a otros, recordando cada vez la hechura de finitud y ese inmenso e irrevocable afán por trascender.


Altar: texto al margen

Estos altares de Lidia Milani refieren a construcciones anónimas; si acaso Milani sabe quien los ha hecho, no nos lo dice, y aun, agregaremos que no ha titulado sus fotos, nos las da así, limpias; por eso estamos como en la ruta, andando, sin saber quién ha levantado ese altar y en nombre de cuál propósito. Lidia Milani contruye rutas por afuera de los mapas, reinventa la cartografía del llamado, la cartografía de los lazos humanos y como los mitos y las leyendas, la función del acto que ha creado el altar, y que Lidia recrea para nosotros, inunda y supera la acción privada, pues, cada virgen de yeso o de arcilla arropada en los caminos, cada ermita de chapa o piedra, no sólo habla de un hombre o de una mujer, sino de todos aquellos que podemos reconocer el gesto, un gesto tan primitivo como la construcción de un refugio a la divinidad, modo peculiar de preservar una creencia, de alimentarla y alimentarse en ella.

Así, el altar que mira y el altar que es mirado, supone un encuentro, una experiencia que se funda a la vera de las cosas y compone una suerte de relación, de comunidad, sin palabras, solo plegaria y balbuceo de preguntas, al margen, al margen y entre la voz y el lenguaje.


Sin duda que las vírgenes de este pueblo hablan de nuestra gente, por supuesto que en sus altares se esculpe tanto la tradición como la diversidad, trozos de memoria de la tierra, pero, esos altares peregrinos, aun los arrumbados, los vacíos, los ausentes, los que están por venir, son textos que narran una historia imposible, siempre inconclusa, jamás universal, de múltiples o ínfimas voces. La historia que se hace presente en este manifestar espontáneo, expresa con humano límite la pasión de los fieles, y en tanto no termina de expresarse, anda peregrino el gesto y va replicando virgencitas por aquí y por allá: pasiones representadas y puestas en escena.



Para un final


Tiempo y espacio del altar

Al margen del camino o en las márgenes del río se funda un sitio.

La opresión de lo cotidiano, lo que se extrema en el vértigo o en el hastío de esta época, pareciera responder a la enorme dificultad de traducir la existencia humana en una experiencia.

Sin embargo, al costado de donde ocurren las cosas, al costado de lo que transita, algo habla de la búsqueda de un tiempo y de un espacio diferente. Quizá el altar recupere la intención de la experiencia, en tanto alguien pueda encontrarse convocado en su existir. Los hacedores de altares o los devotos o los atentos a los gestos de sus semejantes, modifican o se modifican en este encuentro y eso nos remite a la experiencia, que no es necesariamente una experiencia mística, más bien se trata de una marca, un reconocimiento de uno en el otro, algo que se advierte, que rompe la homogeneidad del espacio, del espacio psíquico o geográfico, algo que quiebra el monocorde transcurrir de los días; y que llama, mira y propone; y se le toma, se le aloja con toda su potencia, con las múltiples fuerzas que lo componen o lo habitan, y se le hace lugar, y algo, en ese espaciarse, en ese hacerse espacio por dentro, acontece.

“El espacio entre voz y logos es un espacio vacío … Sólo porque el hombre se encuentra arrojado en el lenguaje sin haber sido llevado por una voz, solo porque arriesga en el experimentum linguae sin una gramática, en este vacío y en esta afonía, algo como un ethos y una comunidad se vuelven posibles para él” (4).


Diciembre 2007
Notas:


1- Agamben G. Infancia e historia- ensayo sobre la destrucción de la experiencia. 1978y 2001 -Segunda edición Buenos Aires, Adriana Hiladgo Editores , 2004


2- Borges J.L. Obras completas- Otras inquisiciones(1952) El idioma analítico de John Wilkins. -Buenos Aires, Emece, 1981


3- Borges J.L. Obras completas- Artificios (1944) Funes el memorioso (1942)- Buenos Aires, Emecé, 1981


4- Agamben G. Infancia e historia- ensayo sobre la destrucción de la experiencia. 1978 y 2001- Experimentum linguae- Segunda edición. Buenos Aires, Adriana Hiladgo Editores , 2004

dr Elephant!

Saturday, September 17, 2011

Puentes en Manzo>>> V. Guerra

Puentes en Manzo


(sobre la serie Puentes de Gabriel Manzo)



Vanesa Guerra



Atravesando ese punto de oscuridad donde todo confluye,


están los mundos y las realidades


-Mariana Docampo




La magia llama a la felicidad.


El nombre secreto es, en realidad, el gesto con el cual la criatura es restituida a lo inexpresado.


-Giorgio Agamben







Hay cierta espesura que no sabe ni puede hacer su tiempo y espacio en el presente. Tal como ciertas formas del olvido que han sido la falencia y el dolor de almas más perdidas de extravío que exiliadas en desamparo. Y Manzo nos trae Puentes. Los trae porque sabe de tajos en la superficie, en la superficie anímica, tejido de subjetividades que amasan y construyen la historia, la propia y la ajena, la otra, otra que nos va entrelazando espíritu y obra, palabra y naturaleza, lengua y extranjería.



Somos, por condición, extranjeros en nuestra historia y en nuestra tierra, aun en nosotros mismos somos seres de exilio y refugio, y oteamos el abismo que nos separa de los sueños, de lo perdido, de lo esperado, de lo que no se comprende, de lo que se ignora. Esa forma del pasado nunca pasado, del pasado ya no vivido, del pasado que está por venir, hace espesura cuando el presente ha movido su punto de encaje y no aloja las reliquias inconclusas de otro tiempo, tiempo que late y chirria su presencia bajo leyes en desuso; esa hechura es una materia impedida; una materia truncada en su movimiento hacia nosotros.

Espesa materia nos merodea y de manera silenciosa nos orbita, habla con su lengua perdida como quien grita en una lengua muerta o quizá en una lengua no nacida.

Saber oir, darle escucha, hacerle espacio, espaciarse.

Esta sonoridad anida magia y vértigo.

Y Manzo nos trae Puentes.

Pues somos extranjeros en nuestra lengua.

Hay quien dice que la tristeza es hija de la impotencia y hay quien agrega que la impotencia es el dolor de entrar en el lenguaje, como quien abandona una magia anterior, un modo de la existencia cuya textura y materia tiene la forma de una felicidad que luego nos orbita, como un recordatorio extremo de haber sido otros. Estos “quienes” que dialogan consideran que la felicidad es huidiza no tanto porque no se deje atrapar sino porque no se puede decir, porque la traducción que hacemos de ella en nuestras ansiosas y crispadas lenguas se ve desbordada, y cada vez que se la nombra se la desordena, y finalmente se la descompone.

La felicidad está en la otra orilla, en la otra punta, en el borde mágico de la cosa que nunca muerta es bañada por el mar de la palabra. En ese borde mágico y abisal, Manzo construye puentes, los suspende entre territorios no tan imposibles como plenos de encantamiento y exceso.

Entonces, Puentes no sólo propone un tránsito, también asume el momento del encuentro.

Se dice que la felicidad no espera donde la buscamos, y aun se dice que la felicidad está siempre en otro lugar, en el lugar de la suerte, en el lugar de la magia, en ese lugar que despojado de palabras nos alivia con gestos, nos alegra de silencio y nos posibilita el arte.

Por eso,

hay quien comienza, hay quien se inicia, hay quien recibe y hay quien da.

Gracias Manzo.



Ver obra:

http://www.myspace.com/manzogabriel



texto tomado del Catalogo:

Puentes. Gabriel Manzo. Edición Caja Duero - 48 páginas. España 2010

Fotografía: Gabriel Manzo - Cándido Muriel

Expo: 11 de enero al 14 de febrero (prolongada hasta el 4 de abril de 2010, en Centro Cultural Caja Duero - Plasencia – Cáceres. España

De la serie Puentes- Gabriel Manzo

De la serie Puentes XVIII- acrílico sobre tela- 90x30cm

Saturday, September 10, 2011

Sueños y Mitos > Vanesa Guerra- 2004 >> con-versiones.com.ar


Sueños y mitos

Vanesa Guerra


1- Introducción

2 - Aquí termina nuestra prosaica prolijidad

3- Bibliografía y notas 




Los dioses que traicionas/
ni existen, ni perdonan
(Luis Benítez)



En el principio fueron los sueños...

Sigmund Freud

En Noviembre de 1899 Freud termina de escribir «La interpretación de los sueños» («Die Traumdeutung»). La consideró su obra más importante, pese a que los seis años posteriores de su publicación sólo fueron vendidos 351 ejemplares junto con la total displicencia del mundo frente a aquel tratado. Así lo cuenta James Strachey, un caro traductor.

El descubrimiento Freudiano -o tal vez el mejor artificio del psicoanálisis- produjo una ruptura en relación al saber popular de entonces plasmado de indiferencia y misticismo. Sigmund Freud, fue y volvió muchas veces a esta obra fundamental. Reescritos y notas al pie, develan la preocupación siempre viva de aquel investigador que consideró a los sueños como el camino privilegiado para acceder a lo más íntimo del alma humana: ¿Qué es el hombre? ¿Qué lo habita? ¿Qué lo impulsa? ¿Qué lo detiene? ¿Qué lo enferma?


El lado oscuro de la luna...

Historia:

Dioses y sueños
Durante mucho tiempo, el acto de soñar se concibió como un acercamiento de los dioses a los mortales. Las creencias sostenían que cada sueño manifestaba cierto mensaje divino que el hombre debía descifrar para comprender los deseos de alguna divinidad que expresaba su voluntad a través de vagos y extraños símbolos. No había por qué culparlos, los dioses no tenían por qué hablar de la misma manera que los humanos. Para eso eran dioses, para diferenciarse.

Ese era el estado de cosas: los dioses se la pasaban sorprendiendo a los humanos mientras dormían, susurrándoles por las noches una lengua extravagante que sólo algunos pocos eran aptos de traducir.


Oráculos y adivinos

Esos pocos eran una suerte de elegidos divinos, enlazados con una sabiduría legada de algún dios; cuestión que sin más, los ubicaba en un plano social diferente. Así, los oráculos, chamanes y sacerdotes, fueron los encargados en esta tarea tan importante e imposible.

Aquí va un ejemplo:

Faraón tuvo este sueño:

...Estaba parado a la orilla del Nilo, cuando de pronto vi que salían del río siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pastar entre los juncos. Pero detrás de ellas, salieron otras siete vacas feas y flacas como nunca he visto en Egipto, y las siete vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas gordas, que entraron es su vientre sin que se notara, porque siguieron tan flacas y feas como antes. Entonces me desperté. Vi también en mi sueño siete espigas llenas y granadas que salían de un solo tallo. Pero siete espigas secas y vanas y quemadas por el viento, brotaban detrás de ellas. Las espigas vanas se tragaron a las espigas hermosas. Se lo he contado a los adivinos y nadie me lo ha podido explicar»

Según se cuenta en el Génesis, se lo llamó a José para descifrar el sueño.

Y José, ante el pedido, respondió:

«No soy yo, es Dios quien te dará una respuesta favorable. Tu sueño, Señor, es uno solo. Dios te ha anunciado lo que él va a hacer. Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas granadas, son siete años de abundancia. Las siete vacas feas y raquíticas, que salieron detrás, al igual que las siete espigas vanas y quemadas por el viento del este, son siete años de hambre. esto es lo que puedo decirle a Faraón y que Dios ha querido mostrarle. Vendrán siete años en que habrá de todo en abundancia en Egipto, pero en seguida, vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la abundancia anterior del país y que lo agotarán... si el sueño se te presentó dos veces, esto quiere decir que Dios está muy decido a realizar estas cosas que pronto cumplirá»

(Génesis 41)

José, en el Génesis, tiene un lugar de suma importancia. En realidad, es el penúltimo hijo de Jacob -hijo de la vejez y por ello muy amado- y todo indica que los sueños que este joven tenía, no eran arbitrarios, sino por el contrario, respondían a los planes divinos.

Así, a través de José, de acuerdo a los relatos bíblicos, Dios salvará del hambre a toda su familia. Por lo tanto, José era un medio entre Dios y los hombres, alguien capaz de comprender el lenguaje sagrado, motivo por el cual, le imploraron la explicación del sueño del Faraón.

Tales cuestiones nos permiten pensar que los sueños siempre ocuparon un lugar distinto. Teñidos y supuestos de sabidurías ajenas al orden netamente humano, pertenecieron a un mundo sacro y místico, convirtiéndose de esa forma en utensilios de adivinos y profetas como coartada privilegiada para acercarse y comprender a las divinidades o seres del más allá.

Los sueños han tenido desde entonces el estatuto de mensajes.

Rupturas freudianas

La idea principal del descubrimiento freudiano, radica en que el sueño es un cumplimiento de deseo.

Acaso, ¿saber de los dioses pone en juego el deseo?

El psicoanálisis freudiano planteó que los sueños tenían sentido y por ende respondían a una lógica. Esta nueva concepción del sueño generó en el ambiente académico ciertas molestias. El contexto científico de la época barajaba teorías bastante alejadas de una posible conexión con entidades divinas; para la mayoría de los estudiosos, la actividad onírica era una suerte de imbecilidad que acontecía en el ser humano mientras descansaba. Algo parecido al atontamiento. Así, la actividad anímica, se encontraba absolutamente paralizada durante los sueños y respondía a una cuestión meramente fisiológica: el dormir.

Por lo tanto, para el campo del saber, las imágenes oníricas carecían de sentido y obviamente de lógica. Suponer, entonces, que el sueño se debía a algún sentido, era la marca insoslayable que dejaba, en tanto precedente, al hombre relacionado con la estupidez. La ciencia no avalaría tal cosa; mejor dejar al hombre bien parado frente a la magna razón.

Pero como suele ocurrir, hubo quienes plantearon cuestiones más arriesgadas:

El pensamiento inconcluso

«Casi nunca podemos explicarnos los sueños, porque sus causas son justamente las impresiones de la víspera sobre las cuales el soñante no alcanzó un conocimiento suficiente... Un hombre a quien se le quitase la facultad de soñar, sufriría una perturbación mental en breve tiempo, porque en su cerebro se acumularía una multitud de pensamientos inconclusos, no elaborados, y de impresiones fútiles bajo cuyo peso quedaría ahogado aquello que él debería incorporar a su memoria como un todo acabado»

(El texto es de Robert, lo presenta en 1886 y Freud lo cita en «La interpretación de los sueños»)

Tal vez , lo más importante, es que Robert marca una diferencia entre el acto de dormir y el de soñar, delineando en esta idea un campo fisiológico y otro psíquico. Sin embargo, Freud sostiene que Robert, no considera al sueño como un proceso totalmente psíquico. No obstante, creo, le da a Freud un buen pie.

Mitos y sueños

Parafraseando a Robert, se podría decir que se sueña porque siempre hay un todo no acabado. Artilugio práctico, que nos permite enlazar el lugar del sueño, al lugar que ocupan los mitos.

De manera, que el primer mensaje que porta un sueño es: no hay Todo, no hay Absoluto; aunque se intente reconstruirlo a través de esta extraña formación psíquica, el hombre seguirá soñando y soñando.

Robert, habrá pensado que nos completábamos soñando. Tan bonito que parece Ingenuo. No obstante, el propósito onírico fue comprendido por el autor: se sueña porque algo falta.

Borges
Las palabras nunca dicen Todo.

Para Borges, las voces humanas se encuentran infinitamente lejos de la posibilidad de enunciar todo, El Todo.

«... Consideré, que aún en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y con ella la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo , mundo, universo...»

(fragmento de « La escritura del dios» J. L .Borges)

Los sueños son relatos agujereados, imprecisos, denuncias de algo que falta. Falta que ninguna voz y ninguna imagen podría abarcar o nombrar. Testimonian lo innombrable. Pues toda palabra presenta y soporta grietas.

Dime qué sueñas
y te diré quién eres.

¿Quién eres cuándo sueñas?...¿Y si fuésemos solamente el sueño de un dios?

« No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito...» (J.L.B.)

Si aún «somos» mientras soñamos, -terrible decepción para el «Yo Soy», Borges estaría en lo cierto: La vida es sueño. Claro, que no al modo de Calderón de La Barca, sino en tanto que la realidad es una ficción inevitable que cada quien arma frente a la vida.

La afirmación: «El sueño es un cumplimiento de deseo» no es una frase para tomar a la ligera. Por cierto, en ella se condensa el pensamiento freudiano.

El sueño como cumplimiento de deseo, implica, la subjetividad histórica de alguien representada en el film onírico. Pues, si el sueño se enlaza con y por el deseo, la historia de las carencias y las postas que el mismo haya realizado se presentificará irremediablemente.

Por lo pronto, esta afirmación requiere algunas aclaraciones: será necesario situar en qué contexto Freud hablaba de «cumplimiento» de deseo y a qué se refería cuando apostaba a esta idea. Para comenzar, trazaremos una conocida diferencia que los psicoanalistas han elaborado entre deseo y anhelo.

Anhelo es del orden de lo conocido, esto significa que puede devenir conciente, significa que el yo puede tener noticia de ello; por ejemplo: «anhelo ser arquitecto, anhelo tener un auto.. .yo sé lo que quiero, pero no lo tengo».

En general, ambos términos se utilizan de igual manera, pero en psicoanálisis hay una estricta diferencia. Freud va a remarcar que el sueño es un cumplimiento de deseo infantil, sexual, reprimido, al que sólo podemos llegar a partir de las asociaciones libres del paciente que posibilitarán la interpretación. El sueño no es un anhelo. El deseo, en el sueño, se presenta de tal manera que el yo desconoce qué falta.

Las anteriores características que figuran en negrita, aclaran que Sigmund Freud está considerando al deseo en toda su magnitud: La historia subjetiva, las marcas de infancia, las carencias de respuestas: origen- sexualidad- muerte, los mitos, las ficciones, los ideales, los dioses, el padre de los pueblos y la angustia. ¡Vaya diferencia! (1)

Para Freud, el deseo articula todos estos elementos. Esto significa que para comprender qué es un sueño, o mejor dicho, para comprender por cuales elementos somos soñados debemos estar dispuestos a mirar más allá de las imágenes que la película-sueño impone; y por cierto, allí existe un largo relato a escuchar, puesto que cada imagen tiene su historia. Ya no basta con observarlas: estas imágenes hablan, no es lo mismo.

Es por eso que Freud dice: pídanle a los pacientes que asocien, que para ser francos, no fue una invención freudiana sino el pedido de una paciente que propuso algo así como ¡Doctor, déjeme hablar! Podríamos agregar: -mi malestar me hace hablar, el sueño no termina cuando abro los ojos y se lo cuento.-

Esto es: si los sueños compulsan a hablar al soñante, significa que el sueño como formación psíquica está absolutamente enlazado con la vida anímica de cada sujeto, incluso determinado por ella.

En principio, diremos que asociando ideas y ocurrencias, (por medio de esas incompletas , ambiciosas y pobres voces humanas), hallaríamos el camino para develar el deseo que dio origen al sueño .

La asociación libre:
un nexo.
Esos enlaces son los que marcan un camino, una vía de acceso a aquello que el sueño desde sus imágenes no nos muestra a las claras.

Ahora bien, ¿Por qué son posibles esos enlaces?

En principio dijimos que eran posibles porque el sueño formaba parte de nuestra vida anímica; pero para ser más exactos plantearemos que el sueño, como mensaje, comunica a través de medios inapropiados un pensamiento. Convengamos, como dice Freud, que el sueño no es una manifestación social.

Entonces, vale la pregunta: ¿Por qué una manifestación de pensamientos se ha plasmado, vía sueño, en una formación harto incomprensible? ¿Por qué no lo muestra a las claras?

« El primer paso será afianzar nuestra novedosa postura frente al problema del sueño, introduciendo dos nuevos conceptos: A lo que se ha denominado sueño lo llamamos texto del sueño o sueño manifiesto y a lo que por así decir conjeturamos tras el sueño, pensamientos oníricos latentes...»

(Freud. Conferencia 29, 1932)

Parece, entonces, que los pensamientos en el terreno onírico se manifiestan bajo un lenguaje ininteligible. No obstante, el sueño dá que hablar y cuando alguien ofrece las ocurrencias que aquellas imágenes producen, lo que aparece son recuerdos, preocupaciones, reflexiones, ideales, etc... Esta información que brinda el soñante fue denominada por Freud «Asociación libre» y opera como nexo entre el sueño manifiesto y los pensamientos inconcientes o el deseo que le ha dado causa. Así, comprendemos que el texto onírico aparece como una selección abreviada de las asociaciones y sus elementos, como los representantes de una multitud, surgidos de una elección.(S.F.)

El comprimido onírico

El sueño ha realizado un trabajo de abreviación y representación, ha sustituido ideas y pensamientos y los ha reemplazado por formaciones psíquicas -imágenes de todo tipo- que los contienen. El sueño es un comprimido de pensamientos.

Cuando el paciente asocia sobre su sueño, todos los elementos condesados en el contenido manifiesto aparecen y el soñante puede reconocerlos como propios o posibles. Pero, si es así ¿por qué necesitaron ocultarse en rarezas?

En la medida que el paciente asocia, el analista reconstruye el sueño; esto significa que reconstruye el relato del sueño, interviene sobre el texto onírico a través de indicaciones o señalamientos, sobre la base de los nexos que el paciente aportó. No obstante, la asociación en algún momento se detiene: «no se me ocurre nada», o quizás el soñante exprese que se ha olvidado de lo que sigue, o también considere que toda la empresa es una verdadera tontería...

¿Qué sucede entonces?

La resistencia

De la misma manera que nos preguntamos por lo absurdo que propone el texto onírico, podemos extraer de este interrogante una oportuna afirmación: si el texto es absurdo e incompresible deberá sus razones a la siguiente causa: el sueño se resiste a ser claro. Pues si en las asociaciones se presentan baches, lagunas, malestar, efectivamente, tales elementos no pudieron quedar excluidos del trabajo onírico. Así la resistencia que aparece en las asociaciones será tomada como si fuese una asociación más, otro tipo de nexo, en resumidas cuentas: la resistencia a expresar el mensaje, también ha formado parte de la creación del sueño.

Freud lo plantea de esta manera:

«... el trabajo de la interpretación del sueño se realiza contra una resistencia cuya magnitud varía desde lo imperceptible hasta lo insuperable. En el curso del trabajo, es imposible pasar por alto las exteriorizaciones de esa resistencia. En muchos lugares las asociaciones se brindan sin vacilación alguna y ya la primera o la segunda ocurrencia traen el esclarecimiento. En otras, el paciente se atasca y titubea antes de enunciar una asociación, y luego uno tiene que escuchar una larga cadena de ocurrencias antes de conseguir algo utilizable para la comprensión del sueño. Con derecho consideramos más intensa la resistencia cuanto más larga y sinuosa es la cadena de asociaciones. También en el olvido registramos esa misma influencia.(...) Inferimos que la resistencia que notamos en el curso de nuestro trabajo de interpretación tiene que haber participado también en la génesis del sueño...»

(Revisión de la doctrina de los sueños, 1932.S.F)

La resistencia detiene la asociación libre o la multiplica. Por lo tanto, atenta contra el trabajo de interpretación. Se percibe en el relato que el paciente presenta de su sueño, es aquel momento en donde el discurso se interrumpe: el soñante ya no sabe qué decir y vacila.

Cuando sostenemos que se la puede tomar como si fuera una asociación más, lo decimos en el sentido que en todo soñante se registra este fenómeno y que nos aporta un dato importantísimo en relación a la formación del sueño. ¿Qué es la resistencia? El indicio más seguro de un conflicto. Tiene que haber ahí una fuerza que quiera expresar algo y otra que no se avenga a permitir esa exteriorización. (SF)

De modo tal, que aquello que no permite la exteriorización del mensaje onírico pone en marcha el verdadero trabajo del sueño que deja un producto atemperado, desfigurado y vuelto irreconocible (SF). Aquello que resiste a la expresión Freud lo nomina «El censor del sueño» o «censura».

deseo
expresión >>>>>>>>>> resistencia<<<<<<<<<<<<<< censura

mensaje trabajo del sueño
sueño

Es por ello que muchos analistas plantean que la resistencia es una suerte de brújula: marca un terreno conflictivo en el cual fuerzas opuestas se debaten. Podríamos considerar que a mayor resistencia, mayor conflictiva. Interpretar significa en este caso develar el «conflicto» por el cual un paciente en desconocimiento de causa, padece.

En relación a los pensamientos oníricos a los que accedemos vía asociación libre es importante señalar que gran parte de ellos son pensamientos preconcientes, es decir pensamientos o ideas que pueden ser reconocidos por el soñante. Sin embargo, la otra parte que compone el complejo de pensamientos oníricos, contiene referencias a las mociones de deseo reprimido a que debe el sueño la posibilidad de su formación. Esta materialidad diferente de pensamiento onírico tiene otro origen, un origen desconocido para el soñante: no es preconciente, no es un pensamiento que pudo pensarse durante el día, o en estado de vigilia. En realidad, se trata de un saber ajeno al conocimiento.

Freud, plantea que se trata de un pensamiento que el paciente podría vivenciar como ajeno a su persona, acaso lo rechazaría de plano: «Este único pensamiento desmentido, o mejor dicho esta única moción, es hija de la noche; pertenece a lo inconciente del que sueña y por eso la desmiente y la desestima.» Sin embargo esta moción, disfrazada por el trabajo del sueño, ha logrado pasar inadvertida a través de la censura.

Ahora estamos en mejores condiciones para explicar por qué el sueño se presenta como una rareza, materia del absurdo. Sabemos que dos fuerzas opuestas tratan de imponer su legalidad: por un lado la moción de deseo inconciente; por el otro: la censura. La moción de deseo avanza con la finalidad de expresarse, pero la censura no admite tal expresión. El producto de esta negociación es una formación de compromiso en donde la desfiguración encubre a las partes. Así, la desfiguración onírica (esa selección, abreviación y sustitución de pensamientos) se encuentra al servicio de la censura y posibilita de esta manera que la moción de deseo se exprese de modo irracional. Dirá Freud, que lo que no fue censurado se aceptó porque no decía la verdad (2). No obstante, el sueño es una formación de compromiso, cuestión que implica una negociación de las partes: la moción de deseo inconciente habrá elegido un buen disfraz para acceder de alguna forma.

La verdad de la que habla Freud, ha quedado sometida al poder que ejerce la censura. Poder que impone su propia ley: "De eso no se habla". Sin embargo, a pesar de la prohibición, insiste. En consecuencia, ha sido desfigurado, trabajado, recreado, disfrazado.

¿Y por qué de eso no se habla?

Cuando planteamos que el mensaje se resiste a ser claro, comprendimos que es la función de la censura lo que allí ha impuesto su ley.

La censura es una ley, un modo de organizar la condición humana. Esto es : de eso no se habla puesto que no hay forma de hacerlo, no hay palabras que puedan dar cuenta de ello: el intento de arribar a ese lugar mudo descompone el yo en pedacitos inciertos, pues se trata de la ley en tanto incomprendida, ley que opera como estructura fundamental organizando lo humano.

Así, en el origen de la censura ubicamos el ombligo del sueño. Ombligo, nudo entre hilachas sueltas de aquello que no nace humano. La distancia entre censura y ombligo del sueño parece muy breve. Existiría una relación en tanto que se trata de una ley que impide el goce absoluto, una caída abisal en la nada. Diríamos que esa Ley impide desanudar el ombligo: Protección, vicisitud de la pulsión de vida.

El ombligo del sueño sería otro nombre de la ley en tanto orden y límite.

Escribe Héctor Saldaña: El conocimiento de lo ignoto nos adentra en un espanto que crece a la par del saber. Conocer es llegar a una Nada que termina por aniquilarnos.)

El sueño y el ser: un nudo de origen

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-Advertencia al lector: Aquí termina nuestra prosaica prolijidad.



El ombligo del sueño

«En ese punto se deshace mi sueño,
como agua en el agua»

J.L. Borges



PLANO DE EQUIVALENCIAS:

CENSURA # OMBLIGO DEL SUEÑO# LEY MUDA INEXORABLE

Aclaramos: la equivalencia no es la igualdad, estos términos no operan como sinónimos, la equivalencia surge allí donde la palabra es imposible. La Censura aparece como límite a la verdad, a lo real; la censura acontece inexorable ante la verdad; de igual forma el ombligo del sueño. Tal vez la hipótesis que barajamos es que ambas se nutren del origen, del padre original, padre de la historia, nombre de dios, falta por excelencia.

Ombligo:

* Cicatriz, nudo. Testimonio de antigua conexión.

* Cicatriz redonda y arrugada que queda en el vientre, luego de cortarse y secarse el cordón umbilical.

Ombligo del Sueño:

«Los sueños por mejor interpretados que sean, conservan frecuentemente un punto ciego. Se alberga ahí un nudo de pensamientos que no puede ser deshecho, pero que no traería nada más al contenido del sueño. Es el ombligo del sueño, el punto que en el se vincula a lo desconocido»(...) «El deseo del sueño surge de un punto más espeso de ese tejido, como el hongo de su micelio.»

S. Freud- El olvido de los Sueños


1-

Un niño pregunta :-¿Qué hay antes de Dios? (Padre: te pregunto para que sepas que te amo)
El adulto responde: -Nada
-¿No tiene padres? ( el niño busca una respuesta, “Nada” no es una respuesta. El adulto, entonces, no lo ama)
-No, El es el padre de todas las cosas.
-Pero ¿qué había antes de dios?
-¿Antes de aquel que ha creado todas las cosas?... Nada. Con él comenzaron las cosas.
-Entonces, dios apareció en ese momento, cuando las creó se creó a él.
-No, él existió siempre.
(Lo que sigue es un niño neurótico).

El hombre-niño necesita pensar un origen de filiaciones. Tal vez su consistencia no sea sino la de la ficción.

¿Qué hay antes del ombligo del sueño? Pedacitos, hilachas, cabos sueltos.

El ombligo del sueño da cuenta del origen apalabrado, por ello es un nudo.

A partir de ese momento, las palabras crean el mundo. El ombligo del sueño reedita esa instancia, una instancia fronteriza: Imágenes-palabras .

¿Un padre que no tiene padres es un padre? No.

Entonces dios es guacho. No porque los haya perdido, simplemente no los tuvo. No es humano.

Sólo un humano puede inventar algo así.

El origen de la vida es mucho más enigmático que la muerte o el perecer.


2-
Ombligo del sueño y origen :

-¿Que hay antes del Padre?
Antes del Padre hay nada. El ombligo del sueño anuda el origen. Desanudarlo sería descomponer el origen.

Dirá Lacan: Freud se refiere a ese punto de las asociaciones en que el sueño se inserta en lo desconocido, lo que llama su ombligo... y... el último término es la muerte.

Pero ¿qué muerte? No se trata de la muerte de uno, sino de la muerte pensada como respuesta a ¿Qué hayantes de Dios?.

No hay Padre para el origen, el origen acontece, no hay Dios del Dios. Tal vez sea por ello que Freud sitúa a la vida entre dos muertes y por lo visto, menos comprensible es la primera, la muerte de la que se procede. La primera está en el terreno de la nada, de la inexistencia; la segunda en el campo del vacío.

Parafraseando a Borges: en ese punto se deshace la vida, como agua en el agua.

Aquello que nos libra de lo amorfo es la posibilidad de sostener un principio creador.

Borges quiebra la idea:

La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: «Yo tampoco soy; Yo soñé el mundo como tu soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tu que como yo eres muchos y nadie
J.L. Borges: Everthing and nothing


-¿Si tú no eres, Yo que soy?
-Eres esto, lo más lejano de ti, lo más informe.

J. Lacan Seminario 2


3-
Retazos:


-Ombligo del sueño y formación de objeto a:

El sueño es una formación de objeto a, la creación de una realidad nueva y estrictamente local. (J D Nasio)



-Ombligo del sueño- deseo- falta:

El sueño se crea a partir de una exclusión, algo que falta; por ello justamente, se elabora y se estructura como un lenguaje.



-Ombligo del sueño -falta- nada:

El motor del sueño es el deseo, el motor del deseo la falta. La falta es un modo de humanizar la nada.



-Nudo:

Lazo que se aprieta y se cierra de tal forma que con dificultad se suelta. Cuanto más se tensa, mas se estrecha.

-El oido del sueño:

El oído del sueño permite entonces aproximarse a lo real que sería muestra de lo inaudito o lo "no reconocido" (en relación con el "Unerkannt" freudiano que representaría el "ombligo del sueño"): una materia extraordinaria y desmesurada, según Pessoa, que hay que intentar abordar gracias al acercamiento a fragmentos mínimos.

En otra etapa de su método, se trata de hacer que la sensación pase directamente a través de la inteligencia pura, a fin de esculpirla con una forma literaria:

“Si tomo una sensación cualquiera y la desarrollo hasta el momento en que, gracias a ella, puedo tejerle la realidad que denomino el bosque del sueño, o el Viaje incumplido, es sin duda para que esta prosa dé una completa exterioridad a lo que es interior, para que realice así lo irrealizable, conjugue los polos contradictorios y, al hacer exterior el sueño, le otorgue su poder máximo de sueño en estado puro.”
–Fernando Pessoa-
de La Obra del tiempo
Le poulichet, S.


4-
Retomamos:

Por cierto, es importante esclarecer que la censura no es la resistencia. A la resistencia la ubicamos en el punto donde se detiene la interpretación psicoanalítica. ¿Por qué se detiene? porque confronta al sujeto con una verdad inefable.

El quehacer del analista apuntala -de algún modo- a la moción inconciente para expresarse, y es ante este trabajo que la censura impone su propia ley, generando resistencia y fortaleciéndose.

No obstante, la función de la censura abre un interrogante: existe una verdad que no puede ser expresada, aún cuando se trata de un cumplimiento de deseo que se supone debiera generar placer.

-Pero, ¿genera placer el cumplimiento de deseo? ¿Cuál sería la consecuencia de su satisfacción?

Conocen el cuento:
El hada aparece repentina en medio de la calle e interrumpe el paso de rutinaria pareja:
-¡Pidan tres deseos!.¡Se cumplirán!
De inmediato un exquisito aroma a salchichas vienesas abraza al caballero...
-Mh... qué rico, ¡quisiera una salchicha!
El hada cumple:
-¡Una salchicha para ti!.
-¡Pero que tonto! ¡este hombre es un tonto!, gritó la esposa. ¡Que tu nariz sea una salchicha! sentenció.
Y a los fines de su misión, el hada se la convirtió.
Fláccida salchicha.
El relato logra la tensión: ¿Y ahora qué hacemos?... Una mujer arrepentida... un hombre con nariz de salchicha y un último deseo para pedir... Pues bien, dejemos todo como estaba,
- Devuélvele la nariz.

Válgales el susto ante una oferta semejante. “-¿Qué deseas, mi amo? - Qué sé yo... puedo saber qué quiero, mas que deseo?!.”.

El deseo se escabulle: no eran las salchichas, ni tampoco esa nariz, ni mucho menos -a pesar del alivio- que todo quedara en suspenso con el amargo sabor de que se trataba de otra cosa: El deseo siempre es otra cosa.

Lo inmediato responde al anhelo, aquí y ahora: el aroma a salchichas. Pero el deseo porta la historia en la palabra o por decirlo de otra manera, en el deseo se articula toda la historia de cada quien.

El deseo habla del deseo.

Savater F, toma un relato bíblico del Génesis (25,27-33), aquel en donde Esaú quedaba capturado de un plato de lentejas que prepara su hermano. Implacable fascinación. Esaú propone: Permuto derechos de primogenitura por plato de lentejas.

Entonces el autor pregunta :

«¿Eran esas lentejas lo que Esaú quería de veras o simplemente lo que le apetecía en aquel momento?»

Plantea, incluso, que aquello que determina a Esaú elegir el potaje presente y renunciar a la herencia paterna, es la sombra de la muerte o el desánimo producido por la brevedad de la vida.

Esaú esquiva el deseo allí donde esquiva su propia historia mortal. Cuestión que nos permitiría pensar que el deseo está absolutamente relacionado con la muerte en tanto la soporta de alguna forma, la arrastra en él. Ergo, se puede afirmar que el deseo existe, en tanto la muerte se presenta como límite. El deseo sólo es terreno de vida para un ser mortal. El dios eterno no desea, es pura presencia, totalidad de existir.

En el deseo, la muerte, es un elemento más. No en el sentido de desear la muerte, sino en tanto que forma parte de la vida. En otro orden, aceptar la inscripción del tiempo en la vida implica situarse más allá del presente inmediato (como figura de la totalidad), para soportar la falta de certeza en relación -si se quiere-, a que exista un mañana, en tanto representación.

Decimos con esto que la vida es una secuencia de ausencias y presencias: pequeñas vidas, pequeñas muertes. Por cierto, estamos muy lejos de sostener que primero se vive y después se muere y mucho más lejos aún de situar y reducir la muerte al último acto de alguien.

«La vida no se caracteriza por otra cosa que por su aptitud para la muerte»
J.Lacan.

La dialéctica entre la vida y la muerte está plasmada en el deseo. Mas Esaú se da por muerto, muerto en vida, es diferente. En la escena bíblica hay algo en relación al deseo que le resulta insoportable. (5a) (5b)

Pues bien, ¿qué tiene de intolerable el deseo?

Dirá Lacan:

«La vida solo sueña en morir».

¿Cómo se relaciona el deseo, la falta y la muerte?

«El deseo es una relación de ser a falta. Esta falta es, hablando con propiedad, falta de ser. No es falta de esto o de aquello, sino falta de ser por la cual el ser existe» «Es deseo de nada nombrable.»

«El ser llega a existir en función misma de esa falta. Es en función de esta falta, en la experiencia de deseo, como el ser llega a un sentimiento de sí con respecto al ser...»

Vale aclarar que esa relación no es del ser a la falta, sino falta en tanto condición de ser. El ser es hueco. De todas formas la falta no se reduce a la muerte. En todo caso la muerte sería un fallido nombre de la falta. La falta no puede nombrarse, del mismo modo que no puede nombrarse la totalidad del ser, creyendo que al nombrarla se otorgaría existencia plena.

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....... Notas intercaladas: (5a) Una reflexión de F. Dolto: “Singular especie (la humana) que en la edad adulta, no quiere evolucionar por miedo a la muerte y que teme instintivamente la vida. Por tener miedo de la muerte, nos aferramos al hecho de estar vivos por la mera conservación del cuerpo, objeto conocido, nuestra vida es mucho más que este cuerpo. Ese miedo impide la vida.”

(5b) Finalizada una furiosa tormenta marina, plantea el discípulo al maestro: ¿te haz dado cuenta que durante esta terrible tormenta no hubo entre nosotros y la muerte nada más sólido que una tabla de madera? El maestro responde: yo sabía que en el mar siempre e así. Sin embargo también me di cuenta de que aun estando en tierra firme bajo el curso normal de los acontecimientos aún hay menos entre nosotros y la muerte. (Cuento Sufi. Bayazid, siglo 9)

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5

El ombligo: Nombrar y existir

Nombrar para existir. Donde el sueño se ombliga da cuenta de una no-existencia o en todo caso de un ex-sistir.

Algo queda por fuera.

Sólo Dios puede decir: “Yo Soy, Yo Soy el que Soy, Yavé”. Sabemos que la palabra Yavé está relacionada con la voz Yavhá que significa: hacer existir. Por lo tanto, Yavé es El que hace existir: “Yo Soy el que Es”. No obstante, el nombre de Dios está (?) oculto y no puede ser revelado, nombre de poder divino, hacedor y creador según consta en las escrituras.

El humano, ser de falta por principio, innombrable, inabordable para sí mismo sostiene en su impotencia un Dios fuera de él, para que lo nombre y le otorgue existencia, bajo súplica de promesa: Reintégrame al Todo una vez finalizada la vida terrenal.

Pero... ¿Qué puede una sustancia finita comprender de su opuesto, sino sólo proyectar sus sueños de ser lo que no es ni será, en el Otro?

Cuatro siglos antes de Cristo, los israelitas dejaron de pronunciar el nombre de Yavé por respeto. Luego cambiaron en la Biblia la escritura Yavé por Jehovah. La palabra Jehováh no tenía sentido y tampoco podía proferirse; cuando el lector la descubría en el relato sagrado sabía que no debía decir Yave ni Jehovah, sino Edonah, o sea Señor.

El Nombre de Dios, Yavé, no responde al ser sino a un verbo. Acto de hacer existir. Dios da un nombre, los mortales no pueden reproducirlo, del mismo modo que no pueden ver Su Rostro y continuar vivos. Sin embargo, el nombre de Dios no es Yavé, puesto que Yavé es la respuesta a la pregunta de Moisés:

“Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos; si me preguntan ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder? y Dios dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes. Y también les dirás: Yave, el Dios de sus padres... Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán sus hijos y sus descendientes.”

Dios se nombra para otro, para un interlocutor que pregunta. Dios no necesita nombre, pero el hombre necesita nombrarlo. Para el hombre nombrar, es aceptar una existencia.

En una nota al pie, los traductores aclaran que en ese pasaje Dios indica el Nombre que para los israelitas expresará mejor lo que es en sí mismo. Así se entiende que Dios no necesita nombrarse, El Es.

El nombre de Dios es nombre de los nombres, el nombre de todas las cosas, es un nombre mudo, ignoto, que no nombra sino que otorga la existencia por sí mismo. El nombre de Dios es la revelación de la creación. La cifra del universo. Como el Aleph de Borges: aquel punto del espacio que contiene todos los puntos. ¿Y dónde está ese punto ?

Será por eso que los dioses pertenecen al campo del lo real, como planteara Lacan, (Seminario11- capítulo 4) A ese campo donde todo vuelve al mismo sitio y nunca ceja de repetir el intento, a pesar de no inscribirse jamás. Algo de lo eterno se reporta en el juego de lo real. Digamos el horror de lo eterno, lo siniestro en su cara mas descarnada. (ver: El inmortal. Borges)

¿Serán acaso traumáticos los dioses? Pues sí, Dios es traumático si no se lo humaniza. A Dios se lo humaniza dándole un nombre: Dios, Yavhe, Jehova, Alah (...)

El azar no le importa a Dios, sencillamente porque para Ese es impensable como categoría ; el azar es una invención humana, una nominación para el proceder del sin sentido.

6


-Aquí en el campo del sueño estas en tí.-

-Eres allí donde nada eres-

-El sueño no está en el tiempo-

J. Lacan.



Ver Borges (El hacedor, Ragnarok)



LA HIPOTESIS: EL ACTO DE SOÑAR SE REPITE NOCHE TRAS NOCHE PORQUE LO REAL NOS HABITA DIA TRAS DIA.

-Tenemos una cita a la que siempre estamos requeridos, con un real que se esconde.

J.Lacan


El sueño sería un intento de elaboración de la falta en ser.
Una puesta en escena de la relación existente entre el hombre y el ser de la carencia. La realización de deseo implica crear una realidad en la cual plasmar la particular relación inenarrable que toma la forma de una ficción.

La satisfacción no es más que dar una letra fallida a ese relato. A modo de un mito, la ficción de cada quien en el sueño.

Si de eso se puede hablar, sólo es a partir de una formación inconciente que enmudece al yo ante el ombligo del sueño. Pues allí lo presenta donde el yo se retuerce hasta la mueca más silenciosa.

Planteamos que el deseo es atemporal, y su realización de alguna manera también lo es, lo que no implica contradicción, pues lo eterno, si es que puede pensarse, respondería a la quietud del presente inmediato, lo detenido, una infinita prolongación del ahora. (Sugerimos la lectura de Robert Walser y la relación de este tema con el éxtasis del que testimonia su obra. Léase Goce.) No obstante o en cambio, el deseo se lee atemporal en tanto atraviesa los cortes del tiempo cronológico, instalando un tiempo lógico o subjetivo. Recordemos: el deseo propone siempre un movimiento, un movimiento entrecortado, un recorte, un resto, una pérdida.

El tiempo no es más que una invención humana, una ordenada seguidilla de cortes que se opone a la concepción humana de la Eternidad, una ficción de mirada sacra omnisciente-omnipresente donde el universo acontece de manera simultánea. Dios abarca toda la duración del tiempo, es la sumatoria de los tiempos sin respeto cronológico, todo ocurre a la vez, mientras naces mueres.

Lo inconciente es aquello que más se asemeja a la concepción que los humanos tenemos de Dios. La expresión de lo Inconciente, manifestada en sus formaciones, no resiste la idea de tiempo lineal, lo racional del tiempo se ha diluido y ha dado lugar a la lógica de la simultaneidad que posibilita lo que hemos llamado atemporal, sin tiempo, fuera del tiempo, otra lógica del tiempo. El tiempo sólo rige para la materia, el pensamiento es energía, sólo cuando el pensamiento asume el cuerpo, comprende la necesidad inexorable del tiempo.

Por ejemplo, en las experiencias de asensibilidad según explicara F. Doltó, «los sujetos se mantienen en agua tibia, con el cuerpo envuelto en algodón, para que no tengan ninguna percepción. Flotan, respirando por un tubo, sin ningún otro punto de referencia. Así pues, al cabo de algunas horas, la ausencia total de la imagen del cuerpo destruye las referencias de espacio y de tiempo por las cuales nuestro narcisismo se vincula a nuestra historia inconciente y conciente... Todos habían quedado profundamente atontados, como salidos de los límites del espacio y del tiempo...»

Las experiencias de asensibilidad concluyeron brindando una figura de la esquizofrenia o de la psicosis. El hombre, en ese estado, se encuentra arrojado a un puro pensamiento incorpóreo o a una inteligencia pura, incapacitada de mediatizarse simbólicamente: esto es allí no hay castración, ni percepción. En síntesis, las experiencias de asensibilidad forcluyen la representación cuerpo.



7-



Última abstracción de esta nota:
nombrar- cuerpo- Placer- displacer- deseo- angustia –falta

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Exisitir- más allá del ombligo d- asensibilidad- horror -goce - nada/todoel sueño







8
Recomendaciones y referencias bibliográficas

-para continuar pensando-



Freud, S. “La interpretación de los sueños” Tomos IV-V.(1900-1901) Amorrortu Editores.

Freud, S. “Revisión de la doctrina de los sueños” Tomo XXII. (1932) Amorrortu Editores.

Freud, S. “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños” (1922) Tomo XIX . Amorrortu Editores.

Freud, S. “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto” (1925) Amorrortu Editores.

Lacan, J. Seminario Kanser, (1975). Universidad de Yale

Lacan, J. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” (1954-1955). Editorial Paidós.

Lacan, J.“Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964) Editorial Síntesis.

Nasio, J. D. “Lesiones Órgano” (1983). Grupos Clínicos de Bs. As.

Nasio, J. D. “El dolor de la Histeria” (1992) Editorial Paidós

Borges J. L.“Obras Completas” Emecé Editores. B. A.

Harari, R. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Lacan: una introducción” (1986) Editorial Nueva Visión.

Savater, F. “Ética para Amador” (1991) Editorial Ariel

La Nueva Biblia Latinoamericana. (1971) Editorial Paulinas & Verbo Divino

Regnault, F. “Dios es Inconciente” (1985) Editorial Manantial.

Doltó, F. “Seminario de Psicoanálisis de niños 2” Editorial Siglo XXI

Doltó, F. “La causa de los niños”, 1986 Editorial Paidós

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Lemoine, E. "El block maravilloso" (1972) Ediciones Argonauta

Walser Robert “El paseo”- 1917- Editorial Siruela 2001

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Con-versiones, Agosto 2004, buenos aires.
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