Saturday, September 10, 2011

Sueños y Mitos > Vanesa Guerra- 2004 >> con-versiones.com.ar


Sueños y mitos

Vanesa Guerra


1- Introducción

2 - Aquí termina nuestra prosaica prolijidad

3- Bibliografía y notas 




Los dioses que traicionas/
ni existen, ni perdonan
(Luis Benítez)



En el principio fueron los sueños...

Sigmund Freud

En Noviembre de 1899 Freud termina de escribir «La interpretación de los sueños» («Die Traumdeutung»). La consideró su obra más importante, pese a que los seis años posteriores de su publicación sólo fueron vendidos 351 ejemplares junto con la total displicencia del mundo frente a aquel tratado. Así lo cuenta James Strachey, un caro traductor.

El descubrimiento Freudiano -o tal vez el mejor artificio del psicoanálisis- produjo una ruptura en relación al saber popular de entonces plasmado de indiferencia y misticismo. Sigmund Freud, fue y volvió muchas veces a esta obra fundamental. Reescritos y notas al pie, develan la preocupación siempre viva de aquel investigador que consideró a los sueños como el camino privilegiado para acceder a lo más íntimo del alma humana: ¿Qué es el hombre? ¿Qué lo habita? ¿Qué lo impulsa? ¿Qué lo detiene? ¿Qué lo enferma?


El lado oscuro de la luna...

Historia:

Dioses y sueños
Durante mucho tiempo, el acto de soñar se concibió como un acercamiento de los dioses a los mortales. Las creencias sostenían que cada sueño manifestaba cierto mensaje divino que el hombre debía descifrar para comprender los deseos de alguna divinidad que expresaba su voluntad a través de vagos y extraños símbolos. No había por qué culparlos, los dioses no tenían por qué hablar de la misma manera que los humanos. Para eso eran dioses, para diferenciarse.

Ese era el estado de cosas: los dioses se la pasaban sorprendiendo a los humanos mientras dormían, susurrándoles por las noches una lengua extravagante que sólo algunos pocos eran aptos de traducir.


Oráculos y adivinos

Esos pocos eran una suerte de elegidos divinos, enlazados con una sabiduría legada de algún dios; cuestión que sin más, los ubicaba en un plano social diferente. Así, los oráculos, chamanes y sacerdotes, fueron los encargados en esta tarea tan importante e imposible.

Aquí va un ejemplo:

Faraón tuvo este sueño:

...Estaba parado a la orilla del Nilo, cuando de pronto vi que salían del río siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pastar entre los juncos. Pero detrás de ellas, salieron otras siete vacas feas y flacas como nunca he visto en Egipto, y las siete vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas gordas, que entraron es su vientre sin que se notara, porque siguieron tan flacas y feas como antes. Entonces me desperté. Vi también en mi sueño siete espigas llenas y granadas que salían de un solo tallo. Pero siete espigas secas y vanas y quemadas por el viento, brotaban detrás de ellas. Las espigas vanas se tragaron a las espigas hermosas. Se lo he contado a los adivinos y nadie me lo ha podido explicar»

Según se cuenta en el Génesis, se lo llamó a José para descifrar el sueño.

Y José, ante el pedido, respondió:

«No soy yo, es Dios quien te dará una respuesta favorable. Tu sueño, Señor, es uno solo. Dios te ha anunciado lo que él va a hacer. Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas granadas, son siete años de abundancia. Las siete vacas feas y raquíticas, que salieron detrás, al igual que las siete espigas vanas y quemadas por el viento del este, son siete años de hambre. esto es lo que puedo decirle a Faraón y que Dios ha querido mostrarle. Vendrán siete años en que habrá de todo en abundancia en Egipto, pero en seguida, vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la abundancia anterior del país y que lo agotarán... si el sueño se te presentó dos veces, esto quiere decir que Dios está muy decido a realizar estas cosas que pronto cumplirá»

(Génesis 41)

José, en el Génesis, tiene un lugar de suma importancia. En realidad, es el penúltimo hijo de Jacob -hijo de la vejez y por ello muy amado- y todo indica que los sueños que este joven tenía, no eran arbitrarios, sino por el contrario, respondían a los planes divinos.

Así, a través de José, de acuerdo a los relatos bíblicos, Dios salvará del hambre a toda su familia. Por lo tanto, José era un medio entre Dios y los hombres, alguien capaz de comprender el lenguaje sagrado, motivo por el cual, le imploraron la explicación del sueño del Faraón.

Tales cuestiones nos permiten pensar que los sueños siempre ocuparon un lugar distinto. Teñidos y supuestos de sabidurías ajenas al orden netamente humano, pertenecieron a un mundo sacro y místico, convirtiéndose de esa forma en utensilios de adivinos y profetas como coartada privilegiada para acercarse y comprender a las divinidades o seres del más allá.

Los sueños han tenido desde entonces el estatuto de mensajes.

Rupturas freudianas

La idea principal del descubrimiento freudiano, radica en que el sueño es un cumplimiento de deseo.

Acaso, ¿saber de los dioses pone en juego el deseo?

El psicoanálisis freudiano planteó que los sueños tenían sentido y por ende respondían a una lógica. Esta nueva concepción del sueño generó en el ambiente académico ciertas molestias. El contexto científico de la época barajaba teorías bastante alejadas de una posible conexión con entidades divinas; para la mayoría de los estudiosos, la actividad onírica era una suerte de imbecilidad que acontecía en el ser humano mientras descansaba. Algo parecido al atontamiento. Así, la actividad anímica, se encontraba absolutamente paralizada durante los sueños y respondía a una cuestión meramente fisiológica: el dormir.

Por lo tanto, para el campo del saber, las imágenes oníricas carecían de sentido y obviamente de lógica. Suponer, entonces, que el sueño se debía a algún sentido, era la marca insoslayable que dejaba, en tanto precedente, al hombre relacionado con la estupidez. La ciencia no avalaría tal cosa; mejor dejar al hombre bien parado frente a la magna razón.

Pero como suele ocurrir, hubo quienes plantearon cuestiones más arriesgadas:

El pensamiento inconcluso

«Casi nunca podemos explicarnos los sueños, porque sus causas son justamente las impresiones de la víspera sobre las cuales el soñante no alcanzó un conocimiento suficiente... Un hombre a quien se le quitase la facultad de soñar, sufriría una perturbación mental en breve tiempo, porque en su cerebro se acumularía una multitud de pensamientos inconclusos, no elaborados, y de impresiones fútiles bajo cuyo peso quedaría ahogado aquello que él debería incorporar a su memoria como un todo acabado»

(El texto es de Robert, lo presenta en 1886 y Freud lo cita en «La interpretación de los sueños»)

Tal vez , lo más importante, es que Robert marca una diferencia entre el acto de dormir y el de soñar, delineando en esta idea un campo fisiológico y otro psíquico. Sin embargo, Freud sostiene que Robert, no considera al sueño como un proceso totalmente psíquico. No obstante, creo, le da a Freud un buen pie.

Mitos y sueños

Parafraseando a Robert, se podría decir que se sueña porque siempre hay un todo no acabado. Artilugio práctico, que nos permite enlazar el lugar del sueño, al lugar que ocupan los mitos.

De manera, que el primer mensaje que porta un sueño es: no hay Todo, no hay Absoluto; aunque se intente reconstruirlo a través de esta extraña formación psíquica, el hombre seguirá soñando y soñando.

Robert, habrá pensado que nos completábamos soñando. Tan bonito que parece Ingenuo. No obstante, el propósito onírico fue comprendido por el autor: se sueña porque algo falta.

Borges
Las palabras nunca dicen Todo.

Para Borges, las voces humanas se encuentran infinitamente lejos de la posibilidad de enunciar todo, El Todo.

«... Consideré, que aún en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y con ella la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo , mundo, universo...»

(fragmento de « La escritura del dios» J. L .Borges)

Los sueños son relatos agujereados, imprecisos, denuncias de algo que falta. Falta que ninguna voz y ninguna imagen podría abarcar o nombrar. Testimonian lo innombrable. Pues toda palabra presenta y soporta grietas.

Dime qué sueñas
y te diré quién eres.

¿Quién eres cuándo sueñas?...¿Y si fuésemos solamente el sueño de un dios?

« No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito...» (J.L.B.)

Si aún «somos» mientras soñamos, -terrible decepción para el «Yo Soy», Borges estaría en lo cierto: La vida es sueño. Claro, que no al modo de Calderón de La Barca, sino en tanto que la realidad es una ficción inevitable que cada quien arma frente a la vida.

La afirmación: «El sueño es un cumplimiento de deseo» no es una frase para tomar a la ligera. Por cierto, en ella se condensa el pensamiento freudiano.

El sueño como cumplimiento de deseo, implica, la subjetividad histórica de alguien representada en el film onírico. Pues, si el sueño se enlaza con y por el deseo, la historia de las carencias y las postas que el mismo haya realizado se presentificará irremediablemente.

Por lo pronto, esta afirmación requiere algunas aclaraciones: será necesario situar en qué contexto Freud hablaba de «cumplimiento» de deseo y a qué se refería cuando apostaba a esta idea. Para comenzar, trazaremos una conocida diferencia que los psicoanalistas han elaborado entre deseo y anhelo.

Anhelo es del orden de lo conocido, esto significa que puede devenir conciente, significa que el yo puede tener noticia de ello; por ejemplo: «anhelo ser arquitecto, anhelo tener un auto.. .yo sé lo que quiero, pero no lo tengo».

En general, ambos términos se utilizan de igual manera, pero en psicoanálisis hay una estricta diferencia. Freud va a remarcar que el sueño es un cumplimiento de deseo infantil, sexual, reprimido, al que sólo podemos llegar a partir de las asociaciones libres del paciente que posibilitarán la interpretación. El sueño no es un anhelo. El deseo, en el sueño, se presenta de tal manera que el yo desconoce qué falta.

Las anteriores características que figuran en negrita, aclaran que Sigmund Freud está considerando al deseo en toda su magnitud: La historia subjetiva, las marcas de infancia, las carencias de respuestas: origen- sexualidad- muerte, los mitos, las ficciones, los ideales, los dioses, el padre de los pueblos y la angustia. ¡Vaya diferencia! (1)

Para Freud, el deseo articula todos estos elementos. Esto significa que para comprender qué es un sueño, o mejor dicho, para comprender por cuales elementos somos soñados debemos estar dispuestos a mirar más allá de las imágenes que la película-sueño impone; y por cierto, allí existe un largo relato a escuchar, puesto que cada imagen tiene su historia. Ya no basta con observarlas: estas imágenes hablan, no es lo mismo.

Es por eso que Freud dice: pídanle a los pacientes que asocien, que para ser francos, no fue una invención freudiana sino el pedido de una paciente que propuso algo así como ¡Doctor, déjeme hablar! Podríamos agregar: -mi malestar me hace hablar, el sueño no termina cuando abro los ojos y se lo cuento.-

Esto es: si los sueños compulsan a hablar al soñante, significa que el sueño como formación psíquica está absolutamente enlazado con la vida anímica de cada sujeto, incluso determinado por ella.

En principio, diremos que asociando ideas y ocurrencias, (por medio de esas incompletas , ambiciosas y pobres voces humanas), hallaríamos el camino para develar el deseo que dio origen al sueño .

La asociación libre:
un nexo.
Esos enlaces son los que marcan un camino, una vía de acceso a aquello que el sueño desde sus imágenes no nos muestra a las claras.

Ahora bien, ¿Por qué son posibles esos enlaces?

En principio dijimos que eran posibles porque el sueño formaba parte de nuestra vida anímica; pero para ser más exactos plantearemos que el sueño, como mensaje, comunica a través de medios inapropiados un pensamiento. Convengamos, como dice Freud, que el sueño no es una manifestación social.

Entonces, vale la pregunta: ¿Por qué una manifestación de pensamientos se ha plasmado, vía sueño, en una formación harto incomprensible? ¿Por qué no lo muestra a las claras?

« El primer paso será afianzar nuestra novedosa postura frente al problema del sueño, introduciendo dos nuevos conceptos: A lo que se ha denominado sueño lo llamamos texto del sueño o sueño manifiesto y a lo que por así decir conjeturamos tras el sueño, pensamientos oníricos latentes...»

(Freud. Conferencia 29, 1932)

Parece, entonces, que los pensamientos en el terreno onírico se manifiestan bajo un lenguaje ininteligible. No obstante, el sueño dá que hablar y cuando alguien ofrece las ocurrencias que aquellas imágenes producen, lo que aparece son recuerdos, preocupaciones, reflexiones, ideales, etc... Esta información que brinda el soñante fue denominada por Freud «Asociación libre» y opera como nexo entre el sueño manifiesto y los pensamientos inconcientes o el deseo que le ha dado causa. Así, comprendemos que el texto onírico aparece como una selección abreviada de las asociaciones y sus elementos, como los representantes de una multitud, surgidos de una elección.(S.F.)

El comprimido onírico

El sueño ha realizado un trabajo de abreviación y representación, ha sustituido ideas y pensamientos y los ha reemplazado por formaciones psíquicas -imágenes de todo tipo- que los contienen. El sueño es un comprimido de pensamientos.

Cuando el paciente asocia sobre su sueño, todos los elementos condesados en el contenido manifiesto aparecen y el soñante puede reconocerlos como propios o posibles. Pero, si es así ¿por qué necesitaron ocultarse en rarezas?

En la medida que el paciente asocia, el analista reconstruye el sueño; esto significa que reconstruye el relato del sueño, interviene sobre el texto onírico a través de indicaciones o señalamientos, sobre la base de los nexos que el paciente aportó. No obstante, la asociación en algún momento se detiene: «no se me ocurre nada», o quizás el soñante exprese que se ha olvidado de lo que sigue, o también considere que toda la empresa es una verdadera tontería...

¿Qué sucede entonces?

La resistencia

De la misma manera que nos preguntamos por lo absurdo que propone el texto onírico, podemos extraer de este interrogante una oportuna afirmación: si el texto es absurdo e incompresible deberá sus razones a la siguiente causa: el sueño se resiste a ser claro. Pues si en las asociaciones se presentan baches, lagunas, malestar, efectivamente, tales elementos no pudieron quedar excluidos del trabajo onírico. Así la resistencia que aparece en las asociaciones será tomada como si fuese una asociación más, otro tipo de nexo, en resumidas cuentas: la resistencia a expresar el mensaje, también ha formado parte de la creación del sueño.

Freud lo plantea de esta manera:

«... el trabajo de la interpretación del sueño se realiza contra una resistencia cuya magnitud varía desde lo imperceptible hasta lo insuperable. En el curso del trabajo, es imposible pasar por alto las exteriorizaciones de esa resistencia. En muchos lugares las asociaciones se brindan sin vacilación alguna y ya la primera o la segunda ocurrencia traen el esclarecimiento. En otras, el paciente se atasca y titubea antes de enunciar una asociación, y luego uno tiene que escuchar una larga cadena de ocurrencias antes de conseguir algo utilizable para la comprensión del sueño. Con derecho consideramos más intensa la resistencia cuanto más larga y sinuosa es la cadena de asociaciones. También en el olvido registramos esa misma influencia.(...) Inferimos que la resistencia que notamos en el curso de nuestro trabajo de interpretación tiene que haber participado también en la génesis del sueño...»

(Revisión de la doctrina de los sueños, 1932.S.F)

La resistencia detiene la asociación libre o la multiplica. Por lo tanto, atenta contra el trabajo de interpretación. Se percibe en el relato que el paciente presenta de su sueño, es aquel momento en donde el discurso se interrumpe: el soñante ya no sabe qué decir y vacila.

Cuando sostenemos que se la puede tomar como si fuera una asociación más, lo decimos en el sentido que en todo soñante se registra este fenómeno y que nos aporta un dato importantísimo en relación a la formación del sueño. ¿Qué es la resistencia? El indicio más seguro de un conflicto. Tiene que haber ahí una fuerza que quiera expresar algo y otra que no se avenga a permitir esa exteriorización. (SF)

De modo tal, que aquello que no permite la exteriorización del mensaje onírico pone en marcha el verdadero trabajo del sueño que deja un producto atemperado, desfigurado y vuelto irreconocible (SF). Aquello que resiste a la expresión Freud lo nomina «El censor del sueño» o «censura».

deseo
expresión >>>>>>>>>> resistencia<<<<<<<<<<<<<< censura

mensaje trabajo del sueño
sueño

Es por ello que muchos analistas plantean que la resistencia es una suerte de brújula: marca un terreno conflictivo en el cual fuerzas opuestas se debaten. Podríamos considerar que a mayor resistencia, mayor conflictiva. Interpretar significa en este caso develar el «conflicto» por el cual un paciente en desconocimiento de causa, padece.

En relación a los pensamientos oníricos a los que accedemos vía asociación libre es importante señalar que gran parte de ellos son pensamientos preconcientes, es decir pensamientos o ideas que pueden ser reconocidos por el soñante. Sin embargo, la otra parte que compone el complejo de pensamientos oníricos, contiene referencias a las mociones de deseo reprimido a que debe el sueño la posibilidad de su formación. Esta materialidad diferente de pensamiento onírico tiene otro origen, un origen desconocido para el soñante: no es preconciente, no es un pensamiento que pudo pensarse durante el día, o en estado de vigilia. En realidad, se trata de un saber ajeno al conocimiento.

Freud, plantea que se trata de un pensamiento que el paciente podría vivenciar como ajeno a su persona, acaso lo rechazaría de plano: «Este único pensamiento desmentido, o mejor dicho esta única moción, es hija de la noche; pertenece a lo inconciente del que sueña y por eso la desmiente y la desestima.» Sin embargo esta moción, disfrazada por el trabajo del sueño, ha logrado pasar inadvertida a través de la censura.

Ahora estamos en mejores condiciones para explicar por qué el sueño se presenta como una rareza, materia del absurdo. Sabemos que dos fuerzas opuestas tratan de imponer su legalidad: por un lado la moción de deseo inconciente; por el otro: la censura. La moción de deseo avanza con la finalidad de expresarse, pero la censura no admite tal expresión. El producto de esta negociación es una formación de compromiso en donde la desfiguración encubre a las partes. Así, la desfiguración onírica (esa selección, abreviación y sustitución de pensamientos) se encuentra al servicio de la censura y posibilita de esta manera que la moción de deseo se exprese de modo irracional. Dirá Freud, que lo que no fue censurado se aceptó porque no decía la verdad (2). No obstante, el sueño es una formación de compromiso, cuestión que implica una negociación de las partes: la moción de deseo inconciente habrá elegido un buen disfraz para acceder de alguna forma.

La verdad de la que habla Freud, ha quedado sometida al poder que ejerce la censura. Poder que impone su propia ley: "De eso no se habla". Sin embargo, a pesar de la prohibición, insiste. En consecuencia, ha sido desfigurado, trabajado, recreado, disfrazado.

¿Y por qué de eso no se habla?

Cuando planteamos que el mensaje se resiste a ser claro, comprendimos que es la función de la censura lo que allí ha impuesto su ley.

La censura es una ley, un modo de organizar la condición humana. Esto es : de eso no se habla puesto que no hay forma de hacerlo, no hay palabras que puedan dar cuenta de ello: el intento de arribar a ese lugar mudo descompone el yo en pedacitos inciertos, pues se trata de la ley en tanto incomprendida, ley que opera como estructura fundamental organizando lo humano.

Así, en el origen de la censura ubicamos el ombligo del sueño. Ombligo, nudo entre hilachas sueltas de aquello que no nace humano. La distancia entre censura y ombligo del sueño parece muy breve. Existiría una relación en tanto que se trata de una ley que impide el goce absoluto, una caída abisal en la nada. Diríamos que esa Ley impide desanudar el ombligo: Protección, vicisitud de la pulsión de vida.

El ombligo del sueño sería otro nombre de la ley en tanto orden y límite.

Escribe Héctor Saldaña: El conocimiento de lo ignoto nos adentra en un espanto que crece a la par del saber. Conocer es llegar a una Nada que termina por aniquilarnos.)

El sueño y el ser: un nudo de origen

--------------------------------------------------------------------------------

-Advertencia al lector: Aquí termina nuestra prosaica prolijidad.



El ombligo del sueño

«En ese punto se deshace mi sueño,
como agua en el agua»

J.L. Borges



PLANO DE EQUIVALENCIAS:

CENSURA # OMBLIGO DEL SUEÑO# LEY MUDA INEXORABLE

Aclaramos: la equivalencia no es la igualdad, estos términos no operan como sinónimos, la equivalencia surge allí donde la palabra es imposible. La Censura aparece como límite a la verdad, a lo real; la censura acontece inexorable ante la verdad; de igual forma el ombligo del sueño. Tal vez la hipótesis que barajamos es que ambas se nutren del origen, del padre original, padre de la historia, nombre de dios, falta por excelencia.

Ombligo:

* Cicatriz, nudo. Testimonio de antigua conexión.

* Cicatriz redonda y arrugada que queda en el vientre, luego de cortarse y secarse el cordón umbilical.

Ombligo del Sueño:

«Los sueños por mejor interpretados que sean, conservan frecuentemente un punto ciego. Se alberga ahí un nudo de pensamientos que no puede ser deshecho, pero que no traería nada más al contenido del sueño. Es el ombligo del sueño, el punto que en el se vincula a lo desconocido»(...) «El deseo del sueño surge de un punto más espeso de ese tejido, como el hongo de su micelio.»

S. Freud- El olvido de los Sueños


1-

Un niño pregunta :-¿Qué hay antes de Dios? (Padre: te pregunto para que sepas que te amo)
El adulto responde: -Nada
-¿No tiene padres? ( el niño busca una respuesta, “Nada” no es una respuesta. El adulto, entonces, no lo ama)
-No, El es el padre de todas las cosas.
-Pero ¿qué había antes de dios?
-¿Antes de aquel que ha creado todas las cosas?... Nada. Con él comenzaron las cosas.
-Entonces, dios apareció en ese momento, cuando las creó se creó a él.
-No, él existió siempre.
(Lo que sigue es un niño neurótico).

El hombre-niño necesita pensar un origen de filiaciones. Tal vez su consistencia no sea sino la de la ficción.

¿Qué hay antes del ombligo del sueño? Pedacitos, hilachas, cabos sueltos.

El ombligo del sueño da cuenta del origen apalabrado, por ello es un nudo.

A partir de ese momento, las palabras crean el mundo. El ombligo del sueño reedita esa instancia, una instancia fronteriza: Imágenes-palabras .

¿Un padre que no tiene padres es un padre? No.

Entonces dios es guacho. No porque los haya perdido, simplemente no los tuvo. No es humano.

Sólo un humano puede inventar algo así.

El origen de la vida es mucho más enigmático que la muerte o el perecer.


2-
Ombligo del sueño y origen :

-¿Que hay antes del Padre?
Antes del Padre hay nada. El ombligo del sueño anuda el origen. Desanudarlo sería descomponer el origen.

Dirá Lacan: Freud se refiere a ese punto de las asociaciones en que el sueño se inserta en lo desconocido, lo que llama su ombligo... y... el último término es la muerte.

Pero ¿qué muerte? No se trata de la muerte de uno, sino de la muerte pensada como respuesta a ¿Qué hayantes de Dios?.

No hay Padre para el origen, el origen acontece, no hay Dios del Dios. Tal vez sea por ello que Freud sitúa a la vida entre dos muertes y por lo visto, menos comprensible es la primera, la muerte de la que se procede. La primera está en el terreno de la nada, de la inexistencia; la segunda en el campo del vacío.

Parafraseando a Borges: en ese punto se deshace la vida, como agua en el agua.

Aquello que nos libra de lo amorfo es la posibilidad de sostener un principio creador.

Borges quiebra la idea:

La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: «Yo tampoco soy; Yo soñé el mundo como tu soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tu que como yo eres muchos y nadie
J.L. Borges: Everthing and nothing


-¿Si tú no eres, Yo que soy?
-Eres esto, lo más lejano de ti, lo más informe.

J. Lacan Seminario 2


3-
Retazos:


-Ombligo del sueño y formación de objeto a:

El sueño es una formación de objeto a, la creación de una realidad nueva y estrictamente local. (J D Nasio)



-Ombligo del sueño- deseo- falta:

El sueño se crea a partir de una exclusión, algo que falta; por ello justamente, se elabora y se estructura como un lenguaje.



-Ombligo del sueño -falta- nada:

El motor del sueño es el deseo, el motor del deseo la falta. La falta es un modo de humanizar la nada.



-Nudo:

Lazo que se aprieta y se cierra de tal forma que con dificultad se suelta. Cuanto más se tensa, mas se estrecha.

-El oido del sueño:

El oído del sueño permite entonces aproximarse a lo real que sería muestra de lo inaudito o lo "no reconocido" (en relación con el "Unerkannt" freudiano que representaría el "ombligo del sueño"): una materia extraordinaria y desmesurada, según Pessoa, que hay que intentar abordar gracias al acercamiento a fragmentos mínimos.

En otra etapa de su método, se trata de hacer que la sensación pase directamente a través de la inteligencia pura, a fin de esculpirla con una forma literaria:

“Si tomo una sensación cualquiera y la desarrollo hasta el momento en que, gracias a ella, puedo tejerle la realidad que denomino el bosque del sueño, o el Viaje incumplido, es sin duda para que esta prosa dé una completa exterioridad a lo que es interior, para que realice así lo irrealizable, conjugue los polos contradictorios y, al hacer exterior el sueño, le otorgue su poder máximo de sueño en estado puro.”
–Fernando Pessoa-
de La Obra del tiempo
Le poulichet, S.


4-
Retomamos:

Por cierto, es importante esclarecer que la censura no es la resistencia. A la resistencia la ubicamos en el punto donde se detiene la interpretación psicoanalítica. ¿Por qué se detiene? porque confronta al sujeto con una verdad inefable.

El quehacer del analista apuntala -de algún modo- a la moción inconciente para expresarse, y es ante este trabajo que la censura impone su propia ley, generando resistencia y fortaleciéndose.

No obstante, la función de la censura abre un interrogante: existe una verdad que no puede ser expresada, aún cuando se trata de un cumplimiento de deseo que se supone debiera generar placer.

-Pero, ¿genera placer el cumplimiento de deseo? ¿Cuál sería la consecuencia de su satisfacción?

Conocen el cuento:
El hada aparece repentina en medio de la calle e interrumpe el paso de rutinaria pareja:
-¡Pidan tres deseos!.¡Se cumplirán!
De inmediato un exquisito aroma a salchichas vienesas abraza al caballero...
-Mh... qué rico, ¡quisiera una salchicha!
El hada cumple:
-¡Una salchicha para ti!.
-¡Pero que tonto! ¡este hombre es un tonto!, gritó la esposa. ¡Que tu nariz sea una salchicha! sentenció.
Y a los fines de su misión, el hada se la convirtió.
Fláccida salchicha.
El relato logra la tensión: ¿Y ahora qué hacemos?... Una mujer arrepentida... un hombre con nariz de salchicha y un último deseo para pedir... Pues bien, dejemos todo como estaba,
- Devuélvele la nariz.

Válgales el susto ante una oferta semejante. “-¿Qué deseas, mi amo? - Qué sé yo... puedo saber qué quiero, mas que deseo?!.”.

El deseo se escabulle: no eran las salchichas, ni tampoco esa nariz, ni mucho menos -a pesar del alivio- que todo quedara en suspenso con el amargo sabor de que se trataba de otra cosa: El deseo siempre es otra cosa.

Lo inmediato responde al anhelo, aquí y ahora: el aroma a salchichas. Pero el deseo porta la historia en la palabra o por decirlo de otra manera, en el deseo se articula toda la historia de cada quien.

El deseo habla del deseo.

Savater F, toma un relato bíblico del Génesis (25,27-33), aquel en donde Esaú quedaba capturado de un plato de lentejas que prepara su hermano. Implacable fascinación. Esaú propone: Permuto derechos de primogenitura por plato de lentejas.

Entonces el autor pregunta :

«¿Eran esas lentejas lo que Esaú quería de veras o simplemente lo que le apetecía en aquel momento?»

Plantea, incluso, que aquello que determina a Esaú elegir el potaje presente y renunciar a la herencia paterna, es la sombra de la muerte o el desánimo producido por la brevedad de la vida.

Esaú esquiva el deseo allí donde esquiva su propia historia mortal. Cuestión que nos permitiría pensar que el deseo está absolutamente relacionado con la muerte en tanto la soporta de alguna forma, la arrastra en él. Ergo, se puede afirmar que el deseo existe, en tanto la muerte se presenta como límite. El deseo sólo es terreno de vida para un ser mortal. El dios eterno no desea, es pura presencia, totalidad de existir.

En el deseo, la muerte, es un elemento más. No en el sentido de desear la muerte, sino en tanto que forma parte de la vida. En otro orden, aceptar la inscripción del tiempo en la vida implica situarse más allá del presente inmediato (como figura de la totalidad), para soportar la falta de certeza en relación -si se quiere-, a que exista un mañana, en tanto representación.

Decimos con esto que la vida es una secuencia de ausencias y presencias: pequeñas vidas, pequeñas muertes. Por cierto, estamos muy lejos de sostener que primero se vive y después se muere y mucho más lejos aún de situar y reducir la muerte al último acto de alguien.

«La vida no se caracteriza por otra cosa que por su aptitud para la muerte»
J.Lacan.

La dialéctica entre la vida y la muerte está plasmada en el deseo. Mas Esaú se da por muerto, muerto en vida, es diferente. En la escena bíblica hay algo en relación al deseo que le resulta insoportable. (5a) (5b)

Pues bien, ¿qué tiene de intolerable el deseo?

Dirá Lacan:

«La vida solo sueña en morir».

¿Cómo se relaciona el deseo, la falta y la muerte?

«El deseo es una relación de ser a falta. Esta falta es, hablando con propiedad, falta de ser. No es falta de esto o de aquello, sino falta de ser por la cual el ser existe» «Es deseo de nada nombrable.»

«El ser llega a existir en función misma de esa falta. Es en función de esta falta, en la experiencia de deseo, como el ser llega a un sentimiento de sí con respecto al ser...»

Vale aclarar que esa relación no es del ser a la falta, sino falta en tanto condición de ser. El ser es hueco. De todas formas la falta no se reduce a la muerte. En todo caso la muerte sería un fallido nombre de la falta. La falta no puede nombrarse, del mismo modo que no puede nombrarse la totalidad del ser, creyendo que al nombrarla se otorgaría existencia plena.

.......................................................................................................

....... Notas intercaladas: (5a) Una reflexión de F. Dolto: “Singular especie (la humana) que en la edad adulta, no quiere evolucionar por miedo a la muerte y que teme instintivamente la vida. Por tener miedo de la muerte, nos aferramos al hecho de estar vivos por la mera conservación del cuerpo, objeto conocido, nuestra vida es mucho más que este cuerpo. Ese miedo impide la vida.”

(5b) Finalizada una furiosa tormenta marina, plantea el discípulo al maestro: ¿te haz dado cuenta que durante esta terrible tormenta no hubo entre nosotros y la muerte nada más sólido que una tabla de madera? El maestro responde: yo sabía que en el mar siempre e así. Sin embargo también me di cuenta de que aun estando en tierra firme bajo el curso normal de los acontecimientos aún hay menos entre nosotros y la muerte. (Cuento Sufi. Bayazid, siglo 9)

.............................................................................................................
5

El ombligo: Nombrar y existir

Nombrar para existir. Donde el sueño se ombliga da cuenta de una no-existencia o en todo caso de un ex-sistir.

Algo queda por fuera.

Sólo Dios puede decir: “Yo Soy, Yo Soy el que Soy, Yavé”. Sabemos que la palabra Yavé está relacionada con la voz Yavhá que significa: hacer existir. Por lo tanto, Yavé es El que hace existir: “Yo Soy el que Es”. No obstante, el nombre de Dios está (?) oculto y no puede ser revelado, nombre de poder divino, hacedor y creador según consta en las escrituras.

El humano, ser de falta por principio, innombrable, inabordable para sí mismo sostiene en su impotencia un Dios fuera de él, para que lo nombre y le otorgue existencia, bajo súplica de promesa: Reintégrame al Todo una vez finalizada la vida terrenal.

Pero... ¿Qué puede una sustancia finita comprender de su opuesto, sino sólo proyectar sus sueños de ser lo que no es ni será, en el Otro?

Cuatro siglos antes de Cristo, los israelitas dejaron de pronunciar el nombre de Yavé por respeto. Luego cambiaron en la Biblia la escritura Yavé por Jehovah. La palabra Jehováh no tenía sentido y tampoco podía proferirse; cuando el lector la descubría en el relato sagrado sabía que no debía decir Yave ni Jehovah, sino Edonah, o sea Señor.

El Nombre de Dios, Yavé, no responde al ser sino a un verbo. Acto de hacer existir. Dios da un nombre, los mortales no pueden reproducirlo, del mismo modo que no pueden ver Su Rostro y continuar vivos. Sin embargo, el nombre de Dios no es Yavé, puesto que Yavé es la respuesta a la pregunta de Moisés:

“Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos; si me preguntan ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder? y Dios dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes. Y también les dirás: Yave, el Dios de sus padres... Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán sus hijos y sus descendientes.”

Dios se nombra para otro, para un interlocutor que pregunta. Dios no necesita nombre, pero el hombre necesita nombrarlo. Para el hombre nombrar, es aceptar una existencia.

En una nota al pie, los traductores aclaran que en ese pasaje Dios indica el Nombre que para los israelitas expresará mejor lo que es en sí mismo. Así se entiende que Dios no necesita nombrarse, El Es.

El nombre de Dios es nombre de los nombres, el nombre de todas las cosas, es un nombre mudo, ignoto, que no nombra sino que otorga la existencia por sí mismo. El nombre de Dios es la revelación de la creación. La cifra del universo. Como el Aleph de Borges: aquel punto del espacio que contiene todos los puntos. ¿Y dónde está ese punto ?

Será por eso que los dioses pertenecen al campo del lo real, como planteara Lacan, (Seminario11- capítulo 4) A ese campo donde todo vuelve al mismo sitio y nunca ceja de repetir el intento, a pesar de no inscribirse jamás. Algo de lo eterno se reporta en el juego de lo real. Digamos el horror de lo eterno, lo siniestro en su cara mas descarnada. (ver: El inmortal. Borges)

¿Serán acaso traumáticos los dioses? Pues sí, Dios es traumático si no se lo humaniza. A Dios se lo humaniza dándole un nombre: Dios, Yavhe, Jehova, Alah (...)

El azar no le importa a Dios, sencillamente porque para Ese es impensable como categoría ; el azar es una invención humana, una nominación para el proceder del sin sentido.

6


-Aquí en el campo del sueño estas en tí.-

-Eres allí donde nada eres-

-El sueño no está en el tiempo-

J. Lacan.



Ver Borges (El hacedor, Ragnarok)



LA HIPOTESIS: EL ACTO DE SOÑAR SE REPITE NOCHE TRAS NOCHE PORQUE LO REAL NOS HABITA DIA TRAS DIA.

-Tenemos una cita a la que siempre estamos requeridos, con un real que se esconde.

J.Lacan


El sueño sería un intento de elaboración de la falta en ser.
Una puesta en escena de la relación existente entre el hombre y el ser de la carencia. La realización de deseo implica crear una realidad en la cual plasmar la particular relación inenarrable que toma la forma de una ficción.

La satisfacción no es más que dar una letra fallida a ese relato. A modo de un mito, la ficción de cada quien en el sueño.

Si de eso se puede hablar, sólo es a partir de una formación inconciente que enmudece al yo ante el ombligo del sueño. Pues allí lo presenta donde el yo se retuerce hasta la mueca más silenciosa.

Planteamos que el deseo es atemporal, y su realización de alguna manera también lo es, lo que no implica contradicción, pues lo eterno, si es que puede pensarse, respondería a la quietud del presente inmediato, lo detenido, una infinita prolongación del ahora. (Sugerimos la lectura de Robert Walser y la relación de este tema con el éxtasis del que testimonia su obra. Léase Goce.) No obstante o en cambio, el deseo se lee atemporal en tanto atraviesa los cortes del tiempo cronológico, instalando un tiempo lógico o subjetivo. Recordemos: el deseo propone siempre un movimiento, un movimiento entrecortado, un recorte, un resto, una pérdida.

El tiempo no es más que una invención humana, una ordenada seguidilla de cortes que se opone a la concepción humana de la Eternidad, una ficción de mirada sacra omnisciente-omnipresente donde el universo acontece de manera simultánea. Dios abarca toda la duración del tiempo, es la sumatoria de los tiempos sin respeto cronológico, todo ocurre a la vez, mientras naces mueres.

Lo inconciente es aquello que más se asemeja a la concepción que los humanos tenemos de Dios. La expresión de lo Inconciente, manifestada en sus formaciones, no resiste la idea de tiempo lineal, lo racional del tiempo se ha diluido y ha dado lugar a la lógica de la simultaneidad que posibilita lo que hemos llamado atemporal, sin tiempo, fuera del tiempo, otra lógica del tiempo. El tiempo sólo rige para la materia, el pensamiento es energía, sólo cuando el pensamiento asume el cuerpo, comprende la necesidad inexorable del tiempo.

Por ejemplo, en las experiencias de asensibilidad según explicara F. Doltó, «los sujetos se mantienen en agua tibia, con el cuerpo envuelto en algodón, para que no tengan ninguna percepción. Flotan, respirando por un tubo, sin ningún otro punto de referencia. Así pues, al cabo de algunas horas, la ausencia total de la imagen del cuerpo destruye las referencias de espacio y de tiempo por las cuales nuestro narcisismo se vincula a nuestra historia inconciente y conciente... Todos habían quedado profundamente atontados, como salidos de los límites del espacio y del tiempo...»

Las experiencias de asensibilidad concluyeron brindando una figura de la esquizofrenia o de la psicosis. El hombre, en ese estado, se encuentra arrojado a un puro pensamiento incorpóreo o a una inteligencia pura, incapacitada de mediatizarse simbólicamente: esto es allí no hay castración, ni percepción. En síntesis, las experiencias de asensibilidad forcluyen la representación cuerpo.



7-



Última abstracción de esta nota:
nombrar- cuerpo- Placer- displacer- deseo- angustia –falta

___________________________________________

Exisitir- más allá del ombligo d- asensibilidad- horror -goce - nada/todoel sueño







8
Recomendaciones y referencias bibliográficas

-para continuar pensando-



Freud, S. “La interpretación de los sueños” Tomos IV-V.(1900-1901) Amorrortu Editores.

Freud, S. “Revisión de la doctrina de los sueños” Tomo XXII. (1932) Amorrortu Editores.

Freud, S. “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños” (1922) Tomo XIX . Amorrortu Editores.

Freud, S. “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto” (1925) Amorrortu Editores.

Lacan, J. Seminario Kanser, (1975). Universidad de Yale

Lacan, J. “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” (1954-1955). Editorial Paidós.

Lacan, J.“Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (1964) Editorial Síntesis.

Nasio, J. D. “Lesiones Órgano” (1983). Grupos Clínicos de Bs. As.

Nasio, J. D. “El dolor de la Histeria” (1992) Editorial Paidós

Borges J. L.“Obras Completas” Emecé Editores. B. A.

Harari, R. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Lacan: una introducción” (1986) Editorial Nueva Visión.

Savater, F. “Ética para Amador” (1991) Editorial Ariel

La Nueva Biblia Latinoamericana. (1971) Editorial Paulinas & Verbo Divino

Regnault, F. “Dios es Inconciente” (1985) Editorial Manantial.

Doltó, F. “Seminario de Psicoanálisis de niños 2” Editorial Siglo XXI

Doltó, F. “La causa de los niños”, 1986 Editorial Paidós

Saldaña, H. “Lovecraft: El señor de los Abismos”, (1996) Para entender a Borges Nro.3

Lemoine, E. "El block maravilloso" (1972) Ediciones Argonauta

Walser Robert “El paseo”- 1917- Editorial Siruela 2001

Le Poulichet, S “La obra del Tiempo en Psicoanálisis” Amorrortur, 1996.

..................................................



Artículos relacionados en Con-versiones

- Mitología 1 y 2 - V. Guerra >>>

- Lo invisible no es inocuo o el dios del malestar - V. Guerra >>>



Comentarios al autor: vmalmsten@hotmail.com



Con-versiones, Agosto 2004, buenos aires.
face>>






ph V.G> La Aurora , 2017

Thursday, September 01, 2011

Versiones de SeXualidad

Para una primera presentación
de Versiones: ¿SeXualidad?


Vanesa Guerra

1
En Con-versiones (http://www.con-versiones.com) planteamos núcleos para convertirlos en polvo y diseminar sus restos.
Hay una anécdota, viene de los primeros días universitarios, épocas en que empezábamos a leer Freud y realmente no sabíamos nada y eso, eso: era bueno.
Era bueno, digo, porque era claro que nadie sabía nada, y frente a preguntas desesperanzadas tales como ¿Qué es la sexualidad ? los profesores se deslizaban con arte por la obra freudiana y lo que hacían finalmente -y a modo de respuesta- era: hablar.
Según esa lectura, la sexualidad quedaba ligada al habla de los que no sabían, pero cuya ignorancia se mostraba con arte.
Esto puede discutirse y ¡mucho! -además la idea que motoriza-ba esa lectura puede producir variaciones muy interesantes; no obstante, dejaremos esas apreciaciones para más tarde y, mientras, diremos que para esa pregunta parecía no haber una respuesta, una definición, que no fuera, desde el vamos, una que se hacía desde la negación: “Para Freud la sexualidad no es la genitalidad”
Entonces ¿cómo quedaban los tantos?
¿Qué es la sexualidad? .................................. No es la genitalidad.
Sin embargo, parecería también que aquello no dejaba las aguas calmas.
(Digo calmas que no es estancas.)
En el mejor de los casos producía tormenta, en el más penoso agua podrida.
Quizá, por eso, frente a la posibilidad de responder con el movimiento del lenguaje que no ancla nunca del todo, ciertas desesperanzas se convirtieron en desesperaciones y la gente psi. -inquieta como angustiada- (por no decir rara como encendida) empezaba a fijar ideas, a quitarles su atributo de flujo, su movimiento, su onda. Y así encontraban libros y hallaban frases para subrayar sus necesidades morales y como buenas palabras bíblicas -regordetas de sentido- fueron tomadas y recibidas como hostias que acallaban las bocas y tapaban las orejas.
Y muchos fueron creyentes, dignos hijos de dios.
(Esto ocurrió siempre, la anécdota ha sido una excusa.)
2
El núcleo que haríamos polvo se llama ¿SeXualidad? (acéptese el tiempo verbal) (-Ya hablaremos de esa X que no guarda proporción; que interrumpe la armonía-.)
Nótese que estamos interrogando una palabra. Ahora NO decimos: ¿Qué? ni ¿Qué es? Ni ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Con qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?
Está en el orden de lo coloquial: tiene una intensión, (CON ESE de sopa) por ejemplo, alguien viene hablando, dice sexualidad y el interlocutor se sorprende y remarca:
-¡¿SeXualidad? !
Quiero acentuar ese momento.
Después vendrán las preguntas.
2.1
Entonces se interroga el contexto, el campito en el que se piensa apoyar el “núcleo”; otros interlocutores colaboran: ¿Por qué en Versiones?,¿por qué no en Malestar? ¿o en Amor?
Creo que son buenas preguntas pero no es el tiempo de contestarlas porque: no lo sé y pareciera necesario aceptar el tiempo del no saber; digo es probable que hagamos base en Versiones y lleguemos a distintos lugares, de hecho, en este núcleo que hoy comienza ya tenemos tres derivaciones hechas a: Transdisciplina: Amo y esclavo (ver Las redes del poder. M.Foucault) y otras dos a Transdisciplina (ver Transexual de J.Baudrillard e Introducción Rizoma por Deleuze y Guattari).
Sin embargo las preguntas no van quedando en el camino como si fueran piedras; mas bien, son como los pájaros que siguen el barco en alta mar, alimentándose de algunos restos, o sabiendo que ahí va a haber un resto seguro y entonces mientras ellos crecen, nosotros avanzamos hacia un primer destino.
El movimiento y la transformación es para ambas partes.
(Admito que para la figura anterior prefiero pensar un pájaro a un plesiosauro)
3
Para Agamben cada cultura es una experiencia del tiempo.
Experimentar el tiempo, entiendo, sería algo más que vivenciarlo; probablemente implique un decantar y un saber qué hacer con aquello que sedimenta en cada quien.
La manera de hacer una revolución supone modificar la experiencia del tiempo, llevar el plano del tiempo y sus sedimentos a otra parte, para interrumpirlo, detenerlo, romperle la continuidad, dejar que nos sedimente en otro punto: bancarse ese tránsito del tiempo fuera del tiempo de los otros y reconocer el placer finito e intenso de ese acto en la transformación inevitable que propone esa experiencia.
El tiempo del placer se las trae y hace de cada quien un otro a cada instante.
(¡hay que ver si estamos en condiciones de bancarnos – soportarnos, aceptarnos, sedimentarnos tras decantar- eso! Eso que tiene mucho que ver con un devenir, con un ser en movimiento anclándose y desanclándose; algo así como saberse en una identidad enlazada a sus propia diferencia)
De alguna manera la idea de sedimento-devenir, me lleva a pensar en las marcas, en las huellas. Cuando el autor plantea que hay una incapacidad para traducir en experiencia la existencia cotidiana, que además es insoportable, parecería estar indicándonos que no por mucho suceso que haya uno puede pescar algo, digo: no porque pase un exceso de cosas por segundo a nivel planetario y galáctico a uno le va a pasar algo, puede que no le pase nada, puede no inscribirse nada.
La nada en el mejor de los casos produce en la angustia algo.
Pero solo en el mejor de los casos produce algo que haga sedimento, huella, marca y transformación.
La idea de la destrucción de la experiencia -cosa que toma o retoma de Walter Benjamin- nos haría pensar en la idea de la destrucción del tiempo, cuestión que los humanos también experimentamos a medida que envejecemos. El tiempo es veloz, cada vez más inasible. Nos vacía, pero es cierto: la vivencia del placer hace otra cosa con el tiempo y también con los cuerpos.
Hay algo irremediable e irrevocable en el tiempo del placer, quiero decir que semejante experiencia es herramienta –liberación- para re significar lo vivido.
3.1
¿Por qué era necesario aclarar que la sexualidad no era la genitalidad? ¿No era obvio?
Llega otra anécdota:
en estos días alguien me cuenta que cuando era niña había ido al almacén; una vez allí le pide a la almacenera jamón cocido; la almacenera naturalmente le responde:
-no tengo jamón cocido, pero tengo queso de rallar.
¿?
Llegamos a una particular y primera idea:
entre sexualidad y genitalidad existe la misma relación que entre un jamón cocido y un queso de rallar cuando alguien va a un almacén de infancia -o en la infancia- y pregunta por una cosa pero le ofrecen otra que se supone sustituta; o se ofrece lo que se tiene porque lo que no se tiene se ofrece de esa manera.
Esta es una versión de la sexualidad.
Ni la primera, ni la última.
3.1.1
La respuesta -no es genitalidad- aludía a lo biológico. Desde lo biológico, mejor dicho desde la lectura biológica que tiene más prensa, hay macho y hembra; pene-vagina (nadie dice pene-vagina) mamas -para amantar cachorros, ano, ombligo...
Pero con este mapa no resolvemos nada de lo humano; más bien nos deja hermanados a lo animal; y si hacía falta aclarar una obviedad era sólo porque en un punto la sexualidad quedaba totalmente ligada al acto de la procreación por macho + hembra.
Hay que reconocer que el discurso de la iglesia ha sido muy fuerte, aun hoy es devastador, a tal punto que atravesó todas las ciencias detentando (e inventando previamente) lo que sería el “saber biológico” como un legado de la creación divina. En principio, diremos que Animalizar lo humano, en ese orden, pareciera dejar la “pajarera” humana sin alboroto, bajo semblante paz, todos en gracia, navegando el diluvio dentro del arca de Noe.
Entonces necesitamos introducir una primera diferencia, diremos que lo humano está alborotado desde el preciso momento en que el instinto tomó la forma de la pulsión.
Salto –si acaso en la mítica del origen de las especies lo hubo- irrevocable.
Creeríamos que en ese punto el discurso religioso queda separado del nuestro.
Dado que cualquier “¿seXualidad?” fuera de lo pro-creativo se encontraría en falta, sin gracia, desviada del plan divino.
Se supone, entonces, que no habría posibilidad de pertenencia en el discurso religioso;
ni tampoco pertenencia de lo religioso en el discurso psicoanalítico.
No nos vamos a quedar con esto, pero la idea, en principio freudiana, en la cual no hay lazo predeterminado entre la pulsión y el objeto, implica la condición humana.
O sea lo humano es variado, la naturaleza humana admite –consiste- en la diversidad de objetos.
¿Esta idea ha sido practicada? ¿Que le pasó a Freud con esto? ¿Lo sostuvo? ¿Se le cayó? ¿Estuvo –con el resto de su obra- a la altura de semejante planteo?
¿Y sus hijos?
¿Y sus hijastros?
3.1.2
()
(¿Por qué el psicoanálisis es acusado de homofóbico?
No es una acusación menor.
¿Qué experiencia del tiempo transita la cultura “psicoanalítica” para ganarse dicha crítica?
Ojalá podamos llegar a ese punto)
4
Para Longo –novelista del siglo II, ¿Isla de Lesbos?- el comienzo del amor enferma; es una enfermedad cuyo misterio duele, y pareciera doler en el cuerpo. La entrada al amor -en realidad sería Eros entrando en alguien, es de arranque un no saber qué pasa con uno y con el cuerpo:
“Una desazón continua se había apoderado de su alma...”(Longo, Dafnis y Cloe, libro 1, 13, 5)
“Ahora estoy enferma, pero ignoro cuál sea mi mal. Tengo una dolencia y no sufro herida alguna. Estoy llena de pena y ninguna oveja se me ha muerto. Me abraso y estoy sentada en plena sombra...” (Longo, Dafnis y Cloe, Libro 1, 14)
“Pero Dafnis, como si lo hubieran mordido y no besado, tomó de inmediato un aire taciturno, sufría continuamente escalofríos, trataba de contener el palpitante corazón y no quería sino mirar a Cloe, aunque al mirarla se cubría de rubor...” (Longo, Dafnis y Cloe, Libro 1, 17,2)
Por ahora diremos que Eros no es fuera del cuerpo.
Y también diremos que de movida –de comienzo- hay algo que se presenta al cuerpo y al “alma” como de no adecuación en ese encuentro intenso de no saberes.
(Esta particularidad de Eros en el cuerpo, nos vuelve a alejar de la “exactitud” biológica.)
En los lugares comunes del amor, la singularidad de cada amor está velada, amordazada, imposibilitada. Dicho de otra forma: los lugares comunes, son tan comunes, que no dicen nada de la singularidad y del no saber de cada amor.
(No obstante pareciera irremediable la búsqueda por reconocer esos lugares en los semejantes. Que otro venga a decir lo que alguien ha sentido alguna vez, que otro venga a cantar o a recitar que dispone de un saber compartido –comunitario-común- o a compartir, pareciera no dejar tan sola a la gente, pese a que tal vez no se hayan enterado de mucho (conjeturo que esto podría ser una explicación posible para comprender el éxito “arrollador” de ciertos productos de TV, música, etc)
En los lugares comunes del amor, se cuida un saber masivo; un saber para todos, un saber ortopédico.
En los lugares comunes del amor se alza una estatua que protege a todo desdichado, se forma una comunidad de sentido:
nosotros, los que nos amasamos amándonos de la misma manera.
Un canto a la ¿igualdad?
Lejos, muy lejos, desterrado, exiliado aquel que ha dicho: el amor es un horrible desprendimiento (Artaud)
El Eros se propone cosas muy distintas a las cancioncitas de amor tarareables y recordadas por todos; inoculadas a todos y en todos o por todos los medios de comunicación.
Eros se propone –sin propósito humano, por cierto- romper todo saber a priori de la masa, hacer masita, miga, partícula.
Eros es una experiencia en cada quien.
Hace de cada cuerpo una nueva geografía; de cada cuerpo un mapa distinto.
Entonces pareciera tratarse de la diversidad y en la diversidad: cada amorcuerpo -(permítase, por ahora, esas palabras enlazadas).
Dudo que la magnitud de lo diverso pueda leerse desde un solo lugar- o dispositivo- creería que en los cruces de los diversos –múltiples- discursos sociales, artísticos, filosóficos... digo: en esos cruces y en esas pérdidas irremediables y necesarias que producen los cruces podríamos atender-leer-escuchar-respetar- transdisciplinariamente a las formas humanas del amor -y al dolor que cada amor produce.
Quedarse varado en un solo discurso frente a la diversidad nos arroja a una peligrosa ignorancia que no admite preguntas a la hora de establecer una práctica clínica o social o artística.
Para comenzar este trabajo de versiones: ¿SeXualidad? cito la expresión de una idea que me conmovió;
“Cada concepción de la historia va siempre acompañada por una determinada experiencia del tiempo que está implícita en ella, que la condiciona y que precisamente se trata de esclarecer. Del mismo modo, cada cultura es ante todo una determinada experiencia del tiempo y no es posible una nueva cultura sin una modificación de esa experiencia. Por lo tanto, la tarea original de una auténtica revolución ya no es simplemente “cambiar el mundo”, sino también y sobre todo “cambiar el tiempo”.
(Agamben, Infancia e Historia)
A continuación presento los enlaces que consideré interesantes para este primer tiempo de trabajo:
Enlaces a Núcleo temático Versiones: ¿SeXualidad?
Avergonzados - Jean Allouch>>>
Cuando el falo falta - Jean Allouch>>>
Las redes del poder - Michel Foucault>>>
El poder psiquiátrico, clase del 7-11-1973 - Michel Foucault>>>
Nosotros los victorianos - Michel Foucault>>>
Las relaciones de poder penetran en los cuerpos - Michel Foucault/ L.Fines>>>
¿Existe una vida intelectual progresista en Francia? - Didier Eribon >>>
La Palabra inaugura territorios. Transgeneridad - Sandra S. Soria>>>
Entrevista a David Halperin - Mariano Serrichio>>>
Homosexualidad, una categoría en crisis - D.Halperin>>>
Transexual - J. Baudrillard >>>
Introducción: Rizoma - Deleuze-Guattari >>>

Comentarios al autor: vmalmsten@hotmail.com
nota para Con-versiones, noviembre 2005

Thursday, April 26, 2007


Comentario a
Cuando digo INTERSEX (entrevista a Mauro Cabral)

(En el marco del seminario Identidad y Sexualidad- UBA- a cargo de Marta Iturriza- Adrian Ortiz)

por Vanesa Guerra

Quería hacer un comentario, algo desordenado, con respecto al trabajo del seminario. Algunas cuestiones me quedan dando vueltas cada vez, y creería que cada vez son más, sin embargo no se suman, pero tampoco se restan. Hay algo particular en estos encuentros y me parece que roza un poco esta idea que ayer se deslizó o se abrió en lo que refiere a lo que convoca y a lo que no convoca.
Yo vengo pensando que este seminario y la lectura de algunos textos totalmente nuevos para mí, me afectan de un modo impreciso, me convocan a una suerte de estado intuitivo, una especie de balbuceo del pensar que no se deja asir por la facilidad de ciertas teorías o prácticas clínicas más estáticas que estéticas.

La lectura del texto de Mauro Cabral , me refiero a Cuando digo intersex, me resultó una experiencia gratísima, me recordó una vez más lo precario del lenguaje en sus inevitables intentos por agarrar la cosa, me recordó el plan de Artaud, o a lo que a mi me pasó cuando leí por primera vez a Artaud; hay algo en el lenguaje que se parece más a un mono con navaja que a un instrumento útil.

Creería que poder tomar esta inutilidad del instrumento, festejar o convivir con ese mono con navaja, nos acercaría a experimentar una vez mas que hay algo del orden de lo extraño en la lengua, hay algo muy ajeno, muy extranjero, que se nos viene enredando desde siempre en las palabras, y, bajo ciertos estados anímicos hacen vacilar cualquier forma de la identidad.

Este lenguaje desbordado de cuerpo, esta lengua que no sabe- ni puede- nombrar, de un buen tiempo a esta parte, se encuentra trabajada con signos, que en principio, creo, en realidad no lo sé, no formarían parte del alfabeto ordinario (pero sí de un teclado ordinario): Un arroba, un asterisco. Hay un mestizaje (¿una mixtura?) de materia.
En realidad, como siempre que vi escritas las palabras, por ejemplo nosotr*s;
nosotr@s, etcétera, siempre las leí en voz baja, porque estaba sola frente a la pc o a un libro, cuando me explicaron, no sin enojo que ¡no era un error de tipeo! sino que se trataba de una cosa inmensa, que se trataba como de algo así como de jaquear al lenguaje y obligarlo a una transformación, a una reflexión que tenga al menos la voluntad de estar a la altura de los seres que lo hablan, pensé, primero, que era una suerte de revolución (y yo que creí que ya no había lugar para ninguna revolución en este mundo perezoso), pero en segundo lugar, me di cuenta, que no sé leer eso en voz alta, no sé cual es el sonido que le corresponde. Esta es una pregunta que hago; pero como las preguntas nunca se quedan quietas empecé a imaginar que la escritura tendría más fuerza o más peso o más inquietud, que la voz; después, también pensé-supuse en el terreno de una ignorancia, que la voz todavía no había llegado. Ahora, que la voz llegue, podría ser un problema, podría ser la clausura, la cristalización de un movimiento, o quizá el relanzar la problemática hacia otro lugar, para el caso, pienso, cada vez hay más letras en la sigla, más grupos, más; conforme se camina, camina el horizonte.
Pienso, también, que en los comics, en los chistes, cuando algo no se podía decir, los guionistas escribían algo así como un garabato, como un amontonamiento de signos y en ese contexto, a mí no se me ocurría pensar que era un error de tipeo; de todas formas, intuyo, porque ya no lo recuerdo, a alguien le habré preguntado que decía ahí o que hacían esos dibujitos donde debía haber letra.

Era interesante, pues a ciencia cierta nadie lo podía saber.

Vanesa Guerra, 2006
_____________
Dr. Elephant II, mayo 2007










Cuando digo intersex.
Un diálogo introductorio a la intersexualidad
*Mauro Cabral y Gabriel Benzur**

Gabriel Benzur: A lo largo de los últimos años, un número cada vez mayor de historiadores/as, antropólogos/as, bioeticistas y teóricos/as del género y la sexualidad han tematizado progresivamente la intersexualidad. Sin embargo, para la mayor parte de quienes no están interiorizados/as en el tema, la cuestión intersex sigue siendo un misterio. ¿Qué es, qué debemos entender cuando alguien habla de intersexualidad?

Mauro Cabral: Uno de los problemas más complejos que enfrentamos quienes trabajamos teórica o políticamente sobre intersexualidad es su inmediata asociación, en nuestro imaginario cultural común, con el hermafroditismo – y de este, a su vez, con un individuo con “ambos” sexos, es decir, literalmente, con pene y vagina (un individuo por lo demás inexistente fuera de la mitología y el arte, a excepción, por supuesto, de quienes se consideran hermafroditas de diseño).1 El concepto clave para comprender de qué hablamos cuando hablamos de intersexualidad es el de variación. Por lo tanto, cuando decimos Es decir, quienes modifican voluntariamente su morfología corporal a fin de dotarla de rasos hermafroditas.
Cuando digo intersexualidad nos referimos a todas aquellas situaciones en las que el cuerpo sexuado de un individuo varía respecto al standard de corporalidad femenina o masculina culturalmente vigente. ¿De qué tipo de variaciones hablamos? Sin ánimo de exhaustividad, a aquellas que involucran mosaicos cromosómicos (XXY, XX0), configuraciones y localizaciones particulares de las gónadas – (la coexistencia de tejido testicular y ovárico, testículos no descendidos) como de los genitales (por ejemplo, cuando el tamaño del pene es “demasiado” pequeño y cuando el clítoris es “demasiado” grande de acuerdo a ese mismo standard del que antes hablaba, cuando el final de la uretra está desplazado de la punta del pene a uno de sus costados o a la base del mismo, o cuando la vagina está ausente…). Por lo tanto, cuando hablamos de intersexualidad no nos referimos a un cuerpo en particular, sino a un conjunto muy amplio de corporalidades posibles, cuya variación respecto de la masculinidad y la femineidad corporalmente “típicas” viene dada por un modo cultural, biomédicamente específico, de mirar y medir los cuerpos humanos.2

GB: Sin embargo, términos como hermafrodita verdadero y pseudohermafrodita siguen vigentes, no solamente en el imaginario colectivo, sino también como diagnósticos clínicos.

MC: En este momento coexisten dos vocabularios, que remiten a horizontes de inteligibilidad diferenciados – lo cual complica ciertamente la comprensión del repertorio de cuestiones involucradas. Si nos ubicáramos históricamente en la Europa de mediados del siglo XIX, encontraríamos una definición de hermafroditismo muy parecida a aquella que consagra la mitología – es decir, la coexistencia, en un mismo individuo, de rasgos corporales definidos de uno y otro sexo (por ejemplo, de pene y ovários). Much*s hermafroditas famosos de la época, como Herculine Barbin – sobre la que escribiera Foucault – fueron considerad*s hermafroditas en ese sentido. 3 Hacia finales del siglo
XIX, sin embargo, esta laxitud clasificatoria fue reemplazada por el criterio taxonómico que sostiene, hasta nuestros días, la vigencia de la familia conceptual de los hermafroditismos – verdadero, y pseudohermafroditismos masculino y femenino. En 1876, el investigador biomédico T.A.E. Klebs propuso un nuevo sistema clasificatorio, basado en el fuerte desplazamiento que había experimentado la comprensión biomédica de la vida hacia lo que podríamos llamar la constelación endocrina – es decir, a la consagración de las hormonas como principio rector del cuerpo (lo que incluía también, por supuesto, los rasgos sexuales, el deseo, e incluso la “personalidad”). De acuerdo a esta nueva taxonomía propuesta, hermafroditas serían solamente aquellos individuos en los que el tejido ovárico y el tejido testicular se presentaran al mismo tiempo, sin importar la configuración externa de su cuerpo sexuado.
Sin embargo, y tal como Dreger nos advierte, debemos tener cuidado a la hora de explicar el cambio por una única causa. El modelo gonádico de la identidad sexual no se sostenía
solamente en este espíritu de época prevalenciente en las ciencias de la vida, sino que también presentaba una ventaja inequívoca respecto de su predecesor: la organización de los individuos de acuerdo a sus pares gonadales permitía identificar inequívocamente un sexo verdadero por cuerpo, en un período de intensa ansiedad social, donde la clarificación y la organización de lo viviente aparecía como un imperativo sociopolítico ineludible.
Es el momento en el que el fantasma de la inversión recorría Europa, encarnado en aquello que Vernon Rosario llama la irresistible ascensión de los perversos, la indetenible multiplicación, y creciente visibilidad pública de mujeres masculinas y hombres femeninos, unidos por prácticas sexuales aberrantes que comenzaban a configurar una naturaleza humana diferenciada – especies, en los términos de Foucault.4 En este contexto, las
clasificaciones precedentes abrían la posibilidad de que el hermafroditismo multifacético que había prevalecido a lo largo de la historia se convirtiera, científica y políticamente, en el fundamento y la justificación de la inversión, que reingresaría a la moral, podríamos decir, bajo los ropajes de la ciencia. ¿Qué hizo Klebs? Situar el sexo verdadero de cada individuo en el interior invisible de su cuerpo, donde la presencia de ovarios y testículos
establecía, más allá de cualquier variación morfológica de los genitales, su identidad sexual verdadera. La constatación del hermafroditismo verdadero, dadas las factibilidades
biotecnológicas disponibles, podía solamente ser establecida postmortem, cuando el cuerpo pudiera ser abierto y examinado. A pesar de la persistencia de la clasificación propuesta por Klebs hasta nuestros días, este modelo clasificatorio tuvo un éxito muy breve en el terreno de la identificación de individuos con corporalidades “ambiguas”, dado que fue puesto en jaque por desarrollos biotecnológicos particulares – tales como el de la
anestesiología. Con la posibilidad de practicar biopsias a pacientes con vida, la medicina se transformaba entonces, y verdaderamente de modo involuntario, en portador de una mala nueva: la existencia de hermafroditas entre nosotros y nosotras, la posibilidad de un tercer sexo. En esta emergencia higiénica tuvo lugar un giro decisivo en el modo en el que la biomedicina y el derecho lidiaban con la “ambigüedad” corporal de ciertos individuos: es el momento en el que William Blair Bell, entre otros investigadores, comienza a proponer hacia 1915, centrar la atención en el modo en el que aquellos individuos con cuerpos “ambiguos” se identificaban y eran identificados por otros y otras – es decir, a los aspectos psico-sociales del sexo, o lo que hoy llamaríamos el género. Tal y como se planteaba en ese momento histórico, si una mujer solicitaba atención profesional por esterilidad, y la búsqueda médica revelaba la existencia de testículos, su reasignación al sexo masculino tendría el extraño efecto de convertirla, a ella y a su esposo en... homosexuales. Era mucho más lógico respetar tanto el modo en el que esta mujer se
identificaba a sí misma y era identificada, situando su identidad sexual en esta narrativa individual y social de sí más que en una supuesta verdad gonádica invisible a los ojos – pero de indudable productividad en términos de caos social, una vez lanzada al mundo por la palabra médica. Hacia 1930, los avances en el campo de la cirugía reconstructiva permitieron la realizaron de las primeras cirugías de “cambio de sexo”, con lo que la capacidad de intervenir sobre el cuerpo para modelar una apariencia acorde entre identidad sexual psicosocial y anatomía en casos de “ambigüedad” pasó a constituir una herramienta sociomédica de primer orden.5

GB: De allí ya estamos a un paso de la construcción social del género, de un nuevo paradigma de la identidad. ¿Cómo caracterizar este nuevo enfoque?

MC: A mí entender es posible presentar este paradigma identitario como una conjunción de versiones muy particulares de (pseudo) humanismo y (pseudo)constructivismo. Lo que este paradigma viene a cuestionar, en primer lugar, es la existencia de algún determinante específico, bioanatómico, de la identidad sexual –no solamente la identidad sexual de aquellos individuos que hoy llamaríamos intersex, sino la de todos los seres humanos. El sexo mismo comenzaba a aparecer bajo las características dispersas, múltiples, que le reconocemos hoy – como sexo cromosómico, gonádico, genital... ¿Cuál, de todos ellos, determinaba finalmente la identidad de alguien como niña o niño, hombre o mujer? Entre las décadas de 1950 y 1960 un conjunto de investigadores e investigadoras – esta vez en los Estados Unidos - continuaron el sesgo psicosocial inagurado hacia finales del siglo XIX, afirmando la centralidad de lo que, con nuestro vocabulario actual,
podríamos llamar el proceso de generización – es decir, el proceso por el cual un individuo sexualmente neutro era introducido en la femineidad y la masculinidad a través de la socialización (en lo que llegó a ser conocido como el sex of rearing, es decir, el sexo
de crianza), cualquiera fuera su corporalidad inicial. Para nombrar el resultado de ese proceso, diferenciándolo de los caracteres específicamente bioanatómicos, se introdujo la distinción entre género, como construcción psicosocial y sexo, como bioanatomía. Sin embargo, y a pesar de la apariencia decisivamente constructivista y corporalmente emancipada de este paradigma, la dependencia respecto del cuerpo sexuado y su morfología seguía siendo fortísima.

GB: ¿Por qué?

MC: Porque la socialización (el proceso de generización) precisaba de un cuerpo donde asentarse, de una base material. Para socializar a alguien como una niña, para que su identidad femenina resultara “exitosa” y sin fisuras, era imprescindible que su cuerpo fuera, en su apariencia exterior, el de una niña standard, capaz de sostener la mirada y la palabra, constitutivas, de su madre y su padre, su propia percepción de sí como ser sexuado. El cuerpo regresaba, por lo tanto – no bajo la forma de una determinación a priori, biológica – sino como el sostén material, imprescindible, de la asignación de género y del éxito de esa asignación a lo largo de la vida. Este regreso del cuerpo sexuado como determinante – esta vez no de la identidad sexual “verdadera”, sino de la posibilidad misma de una identidad sexual – precisaba no solamente de asegurar la apariencia exterior de los genitales sino también ciertas funciones estimadas fundamentales. El género no se anudaba por lo tanto, desde un principio, y como gesto fundante, instituyente, de una subjetividad genérica, legal, lingüísticamente posible, solamente a través de su inscripción literal en el cuerpo, sino que esa literalidad se extendía a la proyección de prácticas constitutivas de la feminidad y la masculinidad – tales como la penetrabilidad de las mujeres, o la capacidad de penetrar y para orinar de pie en los hombres.6
De esta descripción del proceso de generización se derivaban, por lo tanto, los protocolos atencionales aún vigentes en nuestras sociedades: a la asignación temprana al género
femenino o masculino debe seguir, de modo imprescindible, la intervención “normalizadora” sobre el cuerpo, capaz de situarlo inequívocamente en el standard masculino o femenino. El paradigma identitario del que hablamos incluía una temporalidad
específica, antes que la core gender identity (es decir, el sentido inmodificable que cada cual poseería de ser una mujer o un hombre) se estableciera, hacia los dos años de edad. Cualquier reasignación posterior era muy arriesgada, y virtualmente imposible, por lo que en ese entonces, como en este momento, cada nacimiento intersex era tratado como una verdadera emergencia médica – a pesar de que las variaciones corporales asociadas con la intersexualidad rara vez comportan algún riesgo para la salud.

GB: ¿Pero qué ocurría en aquellos casos donde a una asignación inicial proseguía una re-asignación?

MC: Diferentes autobiografías intersex – incluyendo, por supuesto, la de David Reimer, quien fuera “protagonista” del llamado caso John-Joan, y la de Cheryl Chase, fundadora de la ISNA (Intersex Society of North America), entre otr*s – dan testimonio de uno de los procedimientos sociomédicos más oscuros asociados a la intersexualidad. Puesto que la generización debe producirse sin “fallas”, en aquellos casos donde quienes realizaron una primera asignación cambiaron luego de parecer, el mandato fue un cambio drástico – de nombre, de ropa, de juguetes, pero también de vecindario, e incluso de ciudad, el ocultamiento o incluso la destrucción de fotografías, de documentos… Es decir, la transformación de la historia personal vivida hasta el momento en una prehistoria, tan prescindible como peligrosa (sobre todo para ese individuo cuya subjetividad aparecía entonces como dañada desde un principio).
Sin embargo, debemos tener muy presente que no todas las ocurrencias de variaciones asociadas con la intersexualidad implican algún tipo de dificultad en la asignación de género, o un procedimiento de reasignación de género. Pensemos, por ejemplo, en una niña con cromosomas XX, con ambos ovarios, útero, un clítoris de tamaño médicamente “adecuado”… pero sin vagina. O en un niño con testículos en su posición “correcta”, con
un pene que ha de crecer… pero cuya uretra finaliza en un costado del pene, y no en la punta. En el primer caso, se estimará que esa niña precisa de una vaginoplastia no para ser nombrada como una niña, sino para asegurar su generización a través de la experiencia corporal; en el segundo, se estimará que ese niño precisa de una cirugía correctiva para asegurar su generización –masculina. De esta manera, el cuerpo no aparece genéricamente codificado como marcador inagural del género, sino como condición imprescindible para una biografía que se despliega anticipadamente en términos genérico-sexuales heteronormativos.

GB: El movimiento intersex ha criticado repetidamente el sesgo de género de los protocolos de atención a niños y niñas intersex. ¿En qué consiste ese sesgo?

MC: Los protocolos atencionales se encuentran atravesados no solamente por un profundo sesgo de género, misógino, sino también por un violento sesgo homofóbico. En primer término, y en este punto estamos en el reino de la “racionalidad” biomédica, es más fácil hacer una mujer que un hombre, puesto que la femineidad es frecuentemente reducida a la combinación de un clítoris que no pueda ser confundido con un pene por su tamaño, y la capacidad de ser penetrada vaginalmente en una relación heterosexual “normal”. Por el contrario, la masculinidad es cuidadosamente reservada sólo para aquellos individuos capaces de conformar el estereotipo peneano de nuestra cultura, enviando hacia la femineidad a todos aquellos que fracasan en esta empresa – paradigmáticamente, a quienes nacieron con micropenes, cuyo tamaño les impediría, desde este punto de vista, habitar exitosamente lo masculino. El pene aparece como un órgano irreproducible – no imitable, no ironizable, podríamos decir, no parodiable (y toda imitación sería, en definitiva, una parodia). Por el contrario, la femineidad es un hueco. La “amenaza” que suponen los clítoris virilizados, es decir, aquellos que miden más de cinco centímetros, es conjurada mediante la práctica regular de clitoridectomías.
El funcionamiento de los protocolos atencionales dispuestos para niñ*s intersex mantienen aún en nuestros días la concepción de la homosexualidad como una posibilidad siniestra derivada de una generización fallada de un cuerpo “malformado” o
“defectuoso”. Sin embargo, no se trata solamente de que un clítoris virilizado o una vagina ausente conduzcan a una identidad sexual equívoca – lésbica o masculina – o que un micropene produzca homosexualidad mediante prácticas feminizantes (como orinar sentado) como a través de imposibilidades constitutivas (penetrar a una mujer). Estos protocolos de atención instituyen también un cierto saber sobre el mismo deseo heterosexual sobre el cual se consideran expertos – y tal vez custodios (puesto que afirman quién será deseado o deseada, por quién y para qué).
GB: ¿Cuál es la justificación moral de las intervenciones?

MC: Existen dos temores principales, muy generalizados. En primer término, el temor a que si no se realiza una intervención (o varias intervenciones) para “normalizar” la apariencia de los genitales, ese individuo se quedará “sin género”, o “fuera del género”. Esta relación entre genitalidad e identidad es perfectamente comprensible, sumidos como estamos en el funcionamiento naturalizado de un paradigma que fija el género – como identidad sexual verdadera – em la genitalidad. Sin genitales “congruentes” al género de asignación, daría la impresión de que no hay sujeto, puesto que no habrá generización
posible; es más: parecería que no hay cuerpo, todavía, sino carne desorganizada, que no hace cuerpo. En segundo término, el temor a la discriminación a la que se vería expuest* quien anduviera por el mundo marcad* por una diferencia tan fuertemente estigmatizadora. Por lo tanto, intervenir quirúrgicamente aparece como una medida imprescindible – puesto que, en un mismo gesto humanitario, ahuyenta las posibilidades de discriminación y asegura el ingreso de ese individuo en la subjetividad sexuada, en
la ley, en la lengua. Lo cual introduce, desde mi punto de vista, dos cuestiones de abordaje imprescindible. En primer término, confrontar el temor a la diferencia intersex con la evidencia irrefutable de la diferencia creada por las mismas intervenciones – que va desde la insensibilización de tejidos y la esterilidad a la diferencia éticopolítica de quienes sufrimos intervenciones que modificaron nuestro cuerpo de modo irreversible sin tener ni la oportunidad de consentirlas o rehusarlas ni, en muchos casos, la información fehaciente acerca de lo ocurrido. En segundo término, la pregunta por la definición misma de humanidad sexuada que ha informado e informa el discurso y las prácticas de derechos humanos. En este punto, las intervenciones “normalizadoras” aparecen como
auténticos procedimientos de humanización – aunque sean denunciadas por el activismo intersex como procedimientos brutales, inhumanos. ¿Podemos ser sujetos de los derechos humanos quienes, corporalmente, desmentimos la corporalidad normativa de los seres humanos? ¿O necesitamos más bien de un poshumanismo, que no se detenga en los límites de la diferencia sexual y de los cuerpos? ¿Cómo incluir, por ejemplo, en las
agendas de derechos reproductivos centradas en las “mujeres” a quien sólo será llamada mujer tras sufrir la mutilación de su cuerpo? Remitir toda la cuestión intersex a la esfera biomédica es negarnos a enfrentar uno de los modos privilegiados y más invisibles a través de los cuales el género se instituye y se corporiza.

GB: ¿En qué consiste la intersexualidad como subjetividad política?

MC: Es común que la gente suponga que un cuerpo cuyas características varíen respecto del standard masculino o femenino del modo en el que me he referido anteriormente constituya, por sí mismo, una cierta subjetividad intersex. Eso no es cierto, por varias razones. En primer término, debemos recordar que la intersexualidad se inscribe en los cuerpos a través de una operación biopolítica de generización, sin la cual se trata de un
cuerpo no marcado como intersex. De esta manera, es posible encontrar a hombres y mujeres, cualquiera sea su orientación o sus prácticas sexuales, se trate de personas transgenéricas o no, cuyos cuerpos pueden variar en mayor o menor medida del standard, pero para quienes la intersexualidad es completamente ajena. En segundo término, existen personas para quienes la intervención biomédica ha creado un status de “normalidad” corporal, para quienes la intersexualidad es una condición que han dejado atrás en sus vidas – del mismo modo que muchos de quienes se identifican en la versión psiquiátrica del transexualismo, y que “desaparecen” como transexuales para emerger,
postransicionalmente, como hombres o mujeres. También existen personas que no fueron intervenidas, y que vivieron su diferencia corporal como un terrible castigo, como un padecimiento, y que no reivindican para sí una intersexualidad – ni como subjetividad,
ni como identidad política, inscribiéndose más bien como hombres o mujeres a quienes se vedó la posibilidad de una vida feliz. Porque no debemos olvidarnos, ni por un minuto, de que los protocolos atencionales nos hablan del mundo, de este mismo mundo en el que vivimos, donde pareciera no haber espacio para nosotr*s. ¿Quiénes nos identificamos, entonces, como intersex? Por lo general, aquellas personas que fuimos diagnosticadas, y que sufrimos la intervención biomédica. En ese sentido, gran parte del activismo intersex no se funda solamente en la experiencia de la diferencia corporal, sino también en la de aquella otra diferencia, que podríamos llamar ética, de la intervención médica.
GB: ¿De qué experiencia se trata?
MC: Distintos escritores intersex – pienso en Hale Hawbecker en este momento – hablan de cuerpos no intervenidos y de la experiencia brutal de la mirada y la palabra de los otros y las otras. Si bien sus padres lo aceptaron como un hombre con un pene muy pequeño, él refiere el momento en el que su cuerpo es mirado y marcado por una expresión médica horrorizada: “¿quién te hizo esto?”.7 La intersexualidad como sitio es la producción de
ese horror, que excede al médico, que habla de un entramado de los cuerpos en la cultura. Sin embargo, la experiencia de much*s activistas intersex, me atrevería a decir, de la mayoría, es la del cuerpo intervenido, lo cual crea una multiplicidad de cuerpos en juego: por un lado, el cuerpo vivido cotidianamente, marcado, cortado y cosido, insensibilizado; por otro lado, el cuerpo perdido, que puede imaginarse o recordarse, fantasearse, el cuerpo que hay que reconstruir, la experiencia de la historia personal robada, de la historia clínica ocultada, falseada o destruida. En ese sentido, la experiencia intersexual es la de un pathos trágico, en su sentido aristotélico, la de un camino de autodescubrimiento que no se resuelve en ninguna redención. La subjetividad intersex se funda en la intensidad de una experiencia del extrañamiento. En ese sentido, la intersexualidad es un producto paradójico, cruelmente paradójico, de los procedimientos médicos destinados a erradicarla.

GB: ¿Qué demanda el activismo político intersex y cuáles han sido sus logros más importantes hasta ahora?

MC: Nuestras demandas son simples, y comienzan, como afirma Cheryl Chase, con la reubicación del problema – del sistema biomédico, al sistema cultural de los géneros en el que la biomedicina funciona, y la estigmatización de los cuerpos que varían. Si persiste el modelo actual de asignación, binario, se demanda la asignación de cada individuo al género femenino o masculino, de acuerdo a las mejores expectativas de una vida feliz,
y teniendo en cuenta, decisivamente, la experiencia de asignaciones anteriores; pero esa asignación inicial no debe implicar la modificación quirúrgica, “cosmética”, del cuerpo, dándole a ese niño o niña la posibilidad de decidir acerca de la necesidad de modificarlo o no en el futuro, con pleno conocimiento de las consecuencias que cada decisión comporte.8
Hemos logrado que nuestra existencia sea. El trabajo pionero de Cheryl Chase y de la Intersex Society of North America (ISNA) lograron algo fundamental: la transmisión. ¿Qué es lo que repite, como un mantra? Hay una vida posible. No estas solo. No estas sola. No estas sol*. No sos un monstruo. Y si sos un monstruo, bienvenid* seas: no sos el únic*. Hemos podido llorar y consolarnos junt*s. Hemos contado nuestras historias a quienes
podían, carnalmente, reconocerlas como suyas. Ha habido también un conjunto importante de intervenciones públicas. El amicus curiae que la ISNA presentó a la Corte Constitucional de Colombia en 1999, por ejemplo, constituyó un elemento central en
esos dos fallos históricos que, hasta la actualidad, son el mejor testimonio del modo en el que el sistema jurídico-normativo puede proteger la integridad corporal y la autonomía decisional de niñ*s intersex. 9 Pero también le hemos dado a otras familias la oportunidad de encontrarnos, de conversar con nosotr*s aquello que rara vez pueden conversar con profesionales: los resultados vividos. Hemos introducido un nuevo vocabulario, complicando la lengua, agregando asteriscos, arrobas, imposibilidades del decir, le
hemos dado un trabalenguas a la lengua, la hemos puesto a tartamudear. ¿Hemos detenido algún cuchillo? Eso es lo que espero.

GB: Pero ¿y qué hay de la representación política?

MC: Ese es uno de los aspectos más interesantes – al menos en mi opinión – de la introducción de agendas intersex en movimientos políticos diferentes, tales como el feminismo, el movimiento por los derechos sexuales y los derechos reproductivos, y los
movimientos GLTB. ¿Quién hablará, en esos lugares, públicamente, de intersexualidad? Sin lugar a dudas, contamos con aliados y aliadas muy valiosos, aquellas personas que
introducen cuestiones intersex allí donde nosotr*s aún no podemos ingresar – paradigmáticamente, en aquellos espacios feministas reservados “solo para mujeres” a los que muchas personas intersex tenemos vedada la entrada. Sin embargo, nuestra tendencia política fundamental es el pedido – cuando no la exigência – de contar con la posibilidad de hablar en primera persona. Lo cual plantea, indudablemente, la adhesión a una cierta política de las identidades. Y es que en realidad se trata de una trampa. Cuando el activismo intersex – al menos aquel en el que mis compañeros y yo nos reconocemos – reclama su derecho a la primera persona enunciativa, ese reclamo no deja de ser una trampa, una tentación, podríamos decir. Puesto que no hay una evaluación acerca de quién podría nombrarse y quién no como intersex, si se de lo que se trata es de asumir, en el acto enunciativo, la intersexualidad como sitio, como “identidad” política: cualquier sujeto, cualquier cuerpo puede habitarla. La única condición, entonces, es el compartir la misma suerte – no hablar de, no hablar por, hablar como, el “yo, intersex” que constituye a alguien, a cualquiera, en sujeto de un desplazamiento fortísimo, tanto del decir como de la escucha.

GB: Si consideramos lo que decías antes, respecto del sesgo de género y la homofobia de los protocolos intersex, la alianza con el movimiento feminista y el movimiento GLTB parece fundamental.

MC: Es cierto, y sin duda lo es. Sin embargo es una alianza que no se da sin dificultades. Creo que el problema central pasa por el modo en que los diferentes sujetos políticos son constituidos, a través de ejes corporales, genéricos, sexuales… Si asumimos que el sujeto del feminismo son las mujeres, y la definición de mujer (y de hombre) no es puesta siquiera en duda, difícilmente la introducción de cuestiones intersex llegue a buen puerto, porque el activismo intersex viene a cuestionar, justamente, el funcionamiento del Género, el carácter prescriptivo de la diferencia sexual, que en muchos casos el feminismo acepta
acríticamente y que, en otros casos, eleva a categoría ontoepistemológica – recordemos, por ejemplo, a Luce Irigaray en Speculum. El funcionamiento de ciertos espacios de exclusión – por ejemplo, las travestis que no pueden ingresar por carecer de la experiencia de la mestruación – veda la entrada a la mujer intersex que fue mutilada para ser enunciada, justamente, como una mujer. Es extraño, ¿no? O quizás no lo es, si recordamos aquello que decía Judith Butler en Cuerpos que Importan: algunos cuerpos no importan, ciertas materialidades no cuentan, pero no como resto inservible, sino como condición de posibilidad fundamental para lo que sí importa, para lo que sí cuenta – esos
otros sujetos de la enunciación, niños y niñas perdidos, que existen en el género en virtud de una exclusión fundante, de una abyección primera.10 En el caso del movimiento GLTB existen problemas algo diferentes, a nivel de dos lógicas contrapuestas de diversidad, fundadas en políticas muy arraigadas de la identidad sexual. Por un lado – y hablo prioritariamente de mi experiencia regional – se concibe la diversidad como la coexistencia respetuosa de “identidades” diferentes, organizadas en torno a cuestiones
diferentes. Ahora bien, ¿qué hay acerca de nuestra posibilidad de ser gays y lesbianas? ¿Existe la posibilidad de ser gay sin pene, por ejemplo? En ese sentido, introducir agendas intersex exigiría, a mi entender, cuestionar profundamente los supuestos corporales que sostienen esas “identidades” y “orientaciones sexuales”.

GB: La escritura autobiográfica, testimonial ¿puede ser considerada el estilo intersex por antonomasia?

MC: El rol de las personas intersex como testimoniantes es sin lugar a dudas fundamental, pero también un arma de doble filo; por un lado, la producción autobiográfica ha sido y es uno de los instrumentos más importantes de intervención intersex en la cultura – no solamente en cuanto a la capacidad crítica que despliegan much*s activistas, sino también al mismo acontecimiento, al que la autobiografía intersex tenga lugar, que el
decir intersex tenga lugar, ocurra. Ese decir funciona como una cuña, como una fisura que se va abriendo, muy lentamente, en la escucha reducida. Y ese es uno de los aspectos más sombríos del activismo intersex: nuestra posición como enunciatarios, como pacientes, es decir, sujetos de una tradicional escucha menguada, mutilada. Por lo general no se trata de nuestra expertise – ¡no somos médicos, no somos médicas! – sino más bien del modo en que somos confinados al sitio de aquel que habla desde el dolor –
y solo desde el dolor –, cuyo discurso lleva impresa la marca de un idiotismo, la ley del lugar, diría Michel de Certeau, cuya experiencia no es generalizable, puesto que se trata, a lo sumo, y en el peor de los casos, de un accidente. Sin embargo, existe otra cuestión, a la que podríamos llamar, mínimamente, la cuestión del vocabulario o, si intentamos una consideración de máxima, la cuestión de la lengua. Una revisión rápida de los textos que
incluyen nuestra propia comprensión aparece estructurada, dicha, en el vocabulario que emergió, triunfante, de los años ’50 y ’60: género, identidad de género, orientación sexual son parte de nuestra comunicación cotidiana… y forman parte, también, del lenguaje de la subversión. ¿Qué hacer con este vocabulario, entonces? No estoy del todo seguro que debamos centrar nuestros esfuerzos en renovarlo, sino más bien en una estrategia combinada. Historizar, insistir en el carácter metafórico de esos mismos términos – sin olvidar, por supuesto, el modo en el que las metáforas hacen mundo, hacen realidad – y contaminarlo por dentro, hacerlo estallar; proponer, por supuesto, nuevas metáforas, nuevos usos… La intersexualidad también necesita, en los términos de Blumemberg, de una metaforología. Por otro lado, y si nos olvidamos por un momento del vocabulario específico, aún así debemos lidiar con otro problema – los cuerpos de la lengua, del masculino y el femenino del lenguaje que hablamos, y de su dimensión carnal, normativa… ¿cómo lograr, testimoniando, que nuestro cuerpo imposible se diga, hable, pase, por la lengua?

GB: Sin embargo muchas personas intersex, como vos mismo, eligen identidades o bien masculinas o bien femeninas, y no un más allá o un afuera del género, o una ambigüedad de género.

MC: Es cierto. Y a mí me parece fundamental introducir en este punto una demanda ética de riguroso cuño kantiano: las personas somos fines en nosotros mismos, no fines de la teoría. Existe una expectativa de que la intersexualidad promueva, de algún modo, la emergencia de nuevas identidades, o el deshacerse de las antiguas. En algunos casos es cierto, en otro no. Pero si transformamos la intersexualidad en un nuevo deber ser – esta vez de sesgo foucaultiano (pienso en el limbo identitario donde Foucault ubicaba a Herculine Barbin), o queer – el proyecto subversivo fracasa desde el principio. Lo que se introduce es un saber – exactamente la clase de saber clasificatorio que busca subvertirse. Es cierto, muchas personas intersex, incluido yo mismo, nos nombramos como hombres o mujeres; sin embargo, es cierto también que la intersexualidad – y estoy considerando el viejo llamado de Sandy Stone a una visibilidad post-transexual, a no desaparecer, a visibilizar las cicatrices, las eróticas – subvierte la cerrazón del género, donde género podría escribirse perfectamente con mayúsculas, Género, como otra forma de la Ley. Que yo, con mi cuerpo, con mi cuerpo imposible, me diga un hombre, no solamente, como podría pensarse, y quizás correctamente, reinstituye en mi enunciación mínima el sistema bipolar de géneros, sino que también lo ironiza, lo vuelve no sapiente, incierto, lo sume en la incertidumbre. Tal vez, nos dicen, entonces sea imposible saber quién es quién. Pienso, como muchos de mis amigos y compañeros de activismo intersex piensan, en la posibilidad de una nominación otra – ni hombre ni mujer. Pero una vez más, mi temor es la reintroducción de la taxonomía, el “por supuesto, viendo su cuerpo se sabe, claramente que no es ni un hombre ni una mujer – y, por lo tanto, como petición de
principio, se sabe lo que es el cuerpo de hombres y mujeres”. Y prefiero, por lejos, la opción contaminante, la de la incertidumbre, la del no saber.

GB: ¿Por qué alguien se dedicaría al activismo intersex o, más aún, al activismo intersex en primera persona? ¿Por qué alguien se llamaría intersex públicamente? ¿Constituye el activismo intersex una forma de cura, por ejemplo?

MC: Durante años me he hecho a mí mismo las mismas preguntas. Indudablemente, la primera explicación que surge es el deseo de que las cosas cambien; que nuestra historia no le ocurra a otras personas, a otros niños y niñas, a otros y otras adolescentes. Damos testimonio como una manera de introducir, siquiera por un momento, como un relámpago, la existencia de ciertos horrores invisibles en la cultura, lo que está al mismo tiempo en su
revés y en sus fundamentos. El gênero, tal y como los feminismos lo proponen, no es solo emancipación: el género hiere, el género mata, el Género – que hablamos y que nos habla, el que nos hace sujetos. La diferencia sexual no solo se celebra, también se construye, laboriosamente se construye, con tijeras, con hilos de sutura, con carne; el cuerpo se hace, no se nace un cuerpo, se llega a serlo, dolorosamente, mutiladamente – como afirman Beatriz Preciado y Monique Wittig, a través de una primera cirugía plástica de inscripción, la de la carne en cuerpo. Ponemos el cuerpo ahí, entonces, donde ponemos la palabra, y cruzamos los dedos, esperando que funcione, en algún lugar, para alguien; que alguna persona, alguna vez, recuerde el relámpago que pasó por nuestro decir, el entreabrirse de ese chirriar quirúrgico, e impida algo. Sin embargo, hay ciertos padeceres que el activismo no cura, porque la mutilación médica abre el espacio a una experiencia particular del género y del socius que no se olvida. El lenguaje aparece en sus costuras, lo real se tensiona, el género está poblado de sujetos ausentes, de cuerpos enmudecidos; la observancia corporal y subjetiva de la Regla – del Género como una Regla – lo invade todo; todo habla de lo que se produce, de lo que se está produciendo en algún otro lugar, de lo que se produjo en nuestro cuerpo. Llevamos encima las marcas de que la generización no se produce sin espanto, sin carne masacrada, en una lengua sin espacio, que afixia, donde las fisuras y los orificios deben abrirse a fuerza de poner el cuerpo, y de obligarlo, semióticamente, a que estalle, poner el cuerpo para hacer posible la contaminación, el estallido del Cuerpo.

GB: El estilo de activismo intersex que ustedes encaran considera métodos a menudo no convencionales de intervención.11

MC: Hay dos instancias principales de intervención donde nuestro activismo podría ser considerado “no convencional”, a pesar de que dudo mucho de la “convencionalidad” de cualquier tipo de activismo intersex. Una primera instancia se relaciona con las formas de representación visual de cuerpos intersex. Existe un modo codificado – el estilo del manual médico, podríamos decir – en el que nuestros cuerpos aparecen por lo general desnudos, con los ojos o el rostro entero cubierto por un rectángulo o un círculo, negro o blanco, apoyados contra algún tipo de instrumento de medición; o bien la fotografía en primer plano de los genitales de alguien, que permanece oculto como tal frente a la cámara, con un dedo que los abre y los muestra, a veces como forma de comparación – entre el tamaño del clítoris y el del dedo índice que lo señala, por ejemplo. El activismo intersex norteamericano – pienso, por ejemplo, en el número de la revista Chrisalys dedicado a la intersexualidad, o en la maravillosa compilación de Alice Domurat Dreger, Intersex in the Age of Ethics – há trabajado intensamente en la proposición de otro estilo representacional: las personas retratadas aparecen vestidas, sonrientes, en sus casas, como personas; con sus mascotas (como la famosa fotografía de Cheryl Chase con su caballo).12 Existe un indudable gesto de afirmación, un grito que atraviesa las fotografías y resuena en nuestros oídos: somos humanos. Nuestro trabajo a nivel de la representación visual se enmarca en otros proyectos – tales como el encarado por Loren Cameron y, particularmente, por Del La Grace Volcano. Somos, una vez más, intersexuales desnudos, pero en un desnudo celebratorio, es decir, lo que es, sexuado y a
la vista, fuera del código representacional biomédico. Esas representaciones incluyen filmaciones, cuerpos en acción, en acción erótica, pornográfica: poner en circulación esos cuerpos imposibles del deseo – después de todo, eso es lo que parece haber movido los bisturíes en primer término, “nadie va a desearte, nadie va a quererte”. No hay forma para nosotros de clamar por la belleza de nuestros cuerpos sin que el cuerpo esté presente. Es lo que hay. La cicatriz, eso es lo que hay, la marca. La positividad. En ese sentido, nuestro activismo es un intento persistente de desmentir la representación hegemónica en el imaginario occidental – la de la intersexualidad como una forma de falta o de exceso. Una segunda forma de la intervención, muy relacionada con la anterior, es el trabajo en torno al testimonio, al status epistemológico del testimonio y su productividad. Tal y como dije anteriormente, tanto la intersexualidad como la transexualidad aparecen continuamente codificadas, narrativamente, como discursos verdaderos, las expresiones,
testimoniales, verdaderas por testimoniales, de un sí mismo por naturaleza no irónico, no ironizable. No hay humor en la identidad de género – aquel sentido interior de ser una cosa y no la otra, y de haberlo sido desde siempre, aquel sentido del que se sabe, positivamente. No hay performance. Y nosotros creemos, políticamente, en el testimonio como performance. No en nuestro testimonio como performance, sino en los testimonios en general – performance estructuradas de acuerdo a tropos culturales, que las vuelven inteligibles. El tropo de la verdad testimonial es sin duda uno de ellos.

GB: Pero la afirmación del testimonio como performance ¿no compromete la eficacia del activismo intersex?

MC: La efectividad del activismo intersex está de hecho comprometida por una multiplicidad de factores: porque somos ex pacientes que contamos historias pesadillezcas; porque nuestras historias desmienten uno de los sueños iluministas más preciados de nuestra cultura; porque esas mismas historias posicionan a nuestros benefactores en la incómoda posición de carniceros involuntarios; porque estamos allí para decir “no, no resultó”. Y también está comprometida por el ideal de autenticidad que va desde la interioridad generizada de la comprobación pericial de la identidad, tan frecuente en el “cambio de sexo” (y en quienes dicen “esperemos el sexo cerebral verdadero para asignar”), por el lugar de la verdad en la cultura y del testimonio como puesta irrefutable de la verdad. Sin embargo, creemos que nuestra propuesta apunta a un cambio que tiene lugar en otro sitio, y es un cambio fundamental: el género como performance, la copia de la copia, la escucha mutua… Las personas que nos escuchan, que prestan atención a nuestras historias, participan de la misma cultura de la que nosotros participamos, cuentan con recursos tropológicos semejantes, intercambiamos los mismos mitos fundantes, en una lengua que nos traiciona todo el tiempo y que nos traiciona por igual.13 Nuestra pesadilla no habla solamente de nuestros propios cuerpos, habla de los suyos, del modo en el que llegaron a ser, genéricamente, quienes son. Damos testimonio del trabajo de la Verdad entre nosotros, entre nosotros y ellos, la distancia, Verdadera, que se ha trazado, el trazado de ese límite, contamos historias, y al contarlas, intentamos desesperadamente que lo que se escuche es el propio discurrir del Género como una historia.

* Esta entrevista fue realizada y editada por Gabriel Benzur y Mauro Cabral en Córdoba, Argentina, entre enero y febrero del año 2005.
** Mauro Cabral, de la Facultad de Filosofia y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, Cordoba, Argentina, es miembro del International Board de CLAGS (Center for Lesbian and Gays Studies, CUNY) y coordinador del Area Trans e Intersex del Programa para Latinoamerica y el Caribe de IGLHRC (the International Gay and Lesbian Human Rights Commission); Gabriel Benzur es
periodista y activista de derechos humanos, en la actualidad reside en Tel Aviv.

2 Para una reconstrucción crítica de ese modo de mirar, medir y cortar, véase KESSLER, Suzanne. Lessons from the Intersexed. Durham, Duke University Press, 1998.
3 Véase también la interesante reconstrucción de la trayectoria foucaultiana en torno a Herculine Barbin en CAPURRO, Raquel. Del sexo y su sombra. Del misterioso hermafrodita de Michel Foucault. DF, Epele, 2004.
4 DREGER, Alice. Hermaphrodites and the Medical Invention of Sex. Cambridge, Harvard University Press, 1998; FOUCAULT, Michel. Historia de la Sexualidad. I. La Voluntad de Saber. DF, Siglo XXI, 1986; ROSARIO, Vernon. L’irrésistible ascension du pervers. Entre literature et psychiatrie. París, Epel, 2000.
5 HAUSMAN, Bernice. Changing Sex. Durham, Duke University Press, 1998; MEYEROWITZ, Joanne. How Sex Changed. Cambridge, Harvard University Press, 2002.
66 FAUSTO-STERLING, Anne. Sexing the Body. Los Angeles, Basic Books, 2000; BUTLER, Judith. Undoing Gender. New York, Routedgle, 2004; KESSLER, S. Lessons from the... Op.cit.; DREGER, A. Hermaphrodites and the… Op.cit
7 HAWBECKER, Hale. Who Did This to You. In: DREGER, Alice. (comp.) Intersex in the Age of Ethics. Hagerstown, Md, University Publishing Group, 1999.
8 CHASE, Cheryl. Mapping the Emergence of Intersex Political Activism. GLQ: A Journal of Gay and Lesbian Studies, vol.4, nº 2, Spring 1998.
9 Estos documentos pueden encontrarse en el sitio web de la ISNA,
www.isna.org
.
10 BUTLER, Judith. Cuerpos que Importan. Sobre los límites discursivos y materiales del sexo. Buenos Aires, Paidós, 2002.
11 El “ustedes”, en este acaso, se restringe al colectivo “Extranjer*s en la Lengua”, integrado por Ariel Rojman, Javier L., Dawson Horwitz y Mauro Cabral.
12 DREGER, A. Intersex in the Age… Op.cit. Chrysalis. The Journal of Transgresive Gender Identities. Vol. 2, nº 5, Fall 1997-Winter 1998.
13 FRANK, Victor. The Wounded Storyteller: Body, Illness and Ethics. Chicago, Chicago University Press, 1995. DERRIDA, Jacques e DUFOURMANTELLE, Anne. La Hospitalidad. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2000.

Fuente:

ENTREVISTA// cadernos pagu (24), janeiro-junho de 2005, pp.283-304.//


Monday, January 15, 2007

Comentario a Géminis-
mejor dicho, comentario a Cristina Banegas
por Vanesa Guerra

El personaje interpretado por Cristina Banegas descubre a sus dos hijos menores –Meme y Jeremías- enredados, sudados, gimiendo su joven sexualidad desde la planta alta de una casona adinerada, casi aristócrata.
El tránsito de La Banegas comienza en la planta baja, con la extrañeza de un sonido que no comprende; podría ser el agua en la ducha, el viento sobre los árboles o el mismo silencio denso de la soledad; luego, una inquietud la recorre, y la envuelve como si fuera un perfume que no se deja asir; mareada, como borracha de incertidumbre sube las escaleras que le van descifrando lo humano que se filtra en esos rumores que ya se descubren agitados, imposibles, enloquecidos, insoportables. La madre se detiene frente a la puerta y la cámara no se atreve a mirarla a los ojos; estática, la madre, ya es una sombra, una silueta negra recortada sobre la puerta, una espalda que apenas respira. Muda quiere irse, volver sobre sus pasos, intenta dar la espalda a la puerta entornada, pero es el mismo cuerpo, que tal vez ya no se deje sentir como propio, el que la lleva a tocar la puerta: una caricia lenta, definitiva, que la abre. En el silencio mordaz de lo que no comprende, en la agitación sorda de los hijos entrelazados y herméticos, la madre descompone el rostro: ahora es una mueca entre el horror y la nausea, una boca insondable, muda, que va a devorar todos los sonidos del mundo hasta devorarla a ella misma. Ahora ya no hay madre, ya no hay hijos. La película no logra su buen propósito, pero la escena de la Banegas es sublime, hondamente perturbadora. Me recordó a esa magnífica pintura: El grito.